martes, 22 de noviembre de 2016

Prisionera

Prisionera


Hoy he recibido una carta mientras estaba en casa con mi familia, cuando he ido abrirla había un pequeño mensaje un tanto perturbador en el sobre.
"No la abras o si alguien está contigo morirá."
No había remitente, sin embargo la letra me era familiar. No entendía el objetivo de mandar una carta que no se pudiese abrir, pero entonces volví a leerlo.

Tendría que abrirla estando sola, por lo que deduje que alguien me estaba espiando y sabría si me encontraba en compañia o no. Era raro, pero quizás era posiblemente una broma de algún graciosillo de turno.

Alguien llamó al timbre, mientras me asomaba vi con horror que era alguien a quien no quería cerca de hacía mucho, un antiguo ex novio que había estado en prisión por un asunto de drogas turbio. Empujé rápidamente la puerta evitando así que entrara, sin embargo no dejaba de golpearla y hacer presión para entrar. Todo paró en seco.

Mandé a mi madre que estaba conmigo a que fuese a la puerta de la cocina, para asegurarnos que no entrara mientras yo llamaba a la policía. Mientras venían, él consiguió entrar, dejando a mi madre inconsciente pero viva, tirada en el suelo de la cocina. Justo cuando iba a atraparme, la policía entró dando una patada en la puerta y echándola a bajo. Gritos, amenazas y ladridos de mis animales por toda la casa me paralizaban, temerosa de lo que este hombre me había demostrado ser capaz.

Se fue hacía uno de los policías y lo empujó de tal manera que se golpeó en la cabeza, quedándose en el suelo. Yo cogí la pistola de la otra oficial y le apunté a él con las manos temblorosas. Estaba dispuesta a disparar, ya lo creo que si. Le pedí que se fuera pero no hacía sino acercarse cada vez más, lentamente. Cogió a uno de mis perros y agarrando su cuello me amenazo, la pistola o el.
No podía dejar que nada le pasara a nadie más, y mamá ya estaba herida, así que tiré el arma al suelo y le di con el pie tal como él me pidió.

Soltó al perro y me cogió a mi como rehén para salir de mi casa, dejándo allí a la oficial de policía no sin antes amenazarla con que si llamaba antes de que él se fuera, me mataría.

Bajamos hasta la calle donde una furgoneta negra esperaba en la puerta, me metió dentro, me vendó los ojos y sentí como un dolor agudo en la nuca me iba dejándo dormida.



Abro los ojos en un sitio dondo no veo apenas nada, todo está muy oscuro, hace mucho frío y hay sólo silencio. Me pongo de pie, me duele el cuello y la cabeza pero no se por qué, no sé qué hago aquí y soy incapaz de recordar nada.
Ando despacio, moviéndome en la oscuridad a través de la poca luz que hay, que es nula. Llego hasta una piedra donde me parece haber pasado ya... es un dejavu o ¿estoy dando vueltas en círculo?
Algo llama mi atención, un ruido que hace eco llegando hasta donde estoy. Una voz aterradora, vacía, oscura, siniestra y cada vez más cerca se mete en mis oídos. Echo a correr, mientras quien quiera que sea me persigue, pero por más que corro y creo avanzar no dejo de terminar en la misma puta piedra. Como si no avanzara, como si no cambiara nada. No dejo de correr, notando mi corazón latir por el cansancio y me ahogo, me falta el aire, no puedo correr más.
Freno tras la piedra, me agachó e intento calmarme un poco. Creo ver algo en el suelo, semienterrado, escarvo un poco y encuentro una caja cerrada.

La intento abrir pero está muy pegada, y a base de intentos y de forzar consigo que se abra. El olor...ese olor putrefacto me echa para atrás y caigo de culo aterrorizada. Está lleno de cuerpos desmembrados, todo lleno de sangre, moscas y gusanos. Pero aún hay algo más sobrecogedor que todo eso, y es que veo salir una mano y mover los dedos lentamente. Como si fuese una estupida me acerco, oyendo de fondo alguien que me llama y me habla "Te tienes que enfrentar a ello".

Pero cuando voy a levantarme un golpe seco en la nuca me deja dormida.

Abro los ojos llevándome la mano a la cabeza. Me duele,¿Por qué? No recuerdo nada. Me pongo en pie y estoy a oscuras, echo a correr a través de ese sitio que no sé donde me llevará ni que hago ahí. Veo a lo lejos una piedra grande y voy hasta ella. Cuando voy a sentarme a descansar escucho ruidos, voces de alguien, y vuelvo a correr. Por alguna razón siento que esto ya lo he vivido, ¿un deja vu?. Busco en mis bolsillos mi móvil, pero no está. En su lugar veo un sobre, lo leo y pequeñas imágenes me llegan a la mente como recuerdos fluctuantes.

Abro el sobre y dentro hay una dirección. Pero no tengo ni idea como ir, tampoco se donde demonios estoy. Me pongo de rodillas, intento ver algún indicio de aire, para saber de donde viene e intentar así buscar una salida. Voy agazapada moviéndome sin hacer ruido hacía donde creo que está mi salida. Hay una roca que parece suelta y con un poco de fuerza y suerte consigo tirarla y salir al otro lado.
Sigo desconcertada, sin saber donde me encuentro, pero imágenes siguen llegando a mi mente. Un olor nauseabundo me va penetrando los sentidos cada vez más, conforme me acerco, y cuando llego al origen veo un cadáver en el suelo, medio destrozado. Me tapo la boca, intentando callar un grito, pero manteniendo los nervios a ralla y me agacho un poco para coger una linterna que hay en el suelo junto a él.

La enciendo y la luz tintinea un poco, le doy unos golpes suaves y consigue fijarse la luz. Enfoco mi camino, que no se muy bien si es el correcto, y avanzo, viendo muchos pájaros negros muertos en el suelo.
Trago saliva, aterrada, nerviosa, inquieta, con ganas de llorar y gritar pidiendo ayuda. Pero no puedo, debo mantenerme en silencio, calmada lo más posible si quiero salir de donde quiera que me encuentre.

Intento buscar algún cartel, una señal o algo que me indique donde estoy y justo al final, encima de unos arbustos veo un cartel con un nombre que me resulta familiar. Meto mi mano en el bolsillo y saco el sobre. ¿Qué coño...? es la misma dirección, ¿Qué hago aquí? No creo en las casualidades y menos en esta situación tan espeluznante.

Es una casa enorme, una mansión más bien. No hay más caminos y no tengo otro remedio que seguir. La puerta está entreabierta, ¿puede parecer más trampa aún? Por dios, parece una invitación a la muerte.
Abro despacio y entro de lado apuntando con la linterna a todos lados, pisando despacio entre los arbustos y hojas secas, sintiendo el frío golpearme en la cara y dejarme los dedos casi sin movilidad, aferrados a la linterna.

Subo unas escalerillas hasta la entrada, giro el pomo y la puerta se abre. Otras cuantas escaleras delante de mi que subo, y estoy en un vestíbulo donde tengo a cada lado como dos mostradores con ventanales, similares a lo de los bancos, cerrados. Todo cuanto veo es de madera antigua, y casi puedo oler el rancio de los años en ese lugar.
Una especie de muro de cristal separa de otra habitación, y hay una puerta abierta por la que me asomo, veo un escritorio muy largo, que llega hasta el final de ese cuarto, y al otro lado de el una mujer, vestida de un uniforme oscuro.

Me indica que pase a la siguiente habitación, que me siente en el sofá y que espere a que me llamen. No parece sorprendida, ni siquiera me pregunta quien soy, es más, parece que me esperaba ahí. ¿Qué me llamen? ¿quién? ¿por qué? ¿acaso saben mi nombre?

¿Dónde coño me he metido y que hago aquí? Necesito salir, necesito largarme de este lugar tan raro. Y el cuello me duele, la nuca y la cabeza me duelen mucho, y me pica demasiado algo del cuello, como si me hubiese picado algún bicho en ese lugar.


En el sofá donde debo esperar hay un hombre sentado, con la mirada perdida y en silencio. Me pongo a dar vueltas, mirando por los pasillos que hay mas adelante, pero ambos están repletos de oscuridad y la recepcionista no deja de mirarme con esa sonrisa escalofriante que me pone los pelos de punta.
Vuelvo a mirar el sobre mientras espero lo que sea que vendrá, no conozco la letra, por más que parece sonarme.
Aparece un hombre mayor, pelo canoso, barba, gafas y una sonrisa tan horrible como la de la otra mujer, y me coge del brazo "pidiéndome" que le siga. Aunque practicamente me está obligando a ir con él.

Pasamos por el pasillo oscuro que va iluminándonos con luces fluorescentes a medida que avanzamos, llegando a una habitación con una camilla, todo teñido en blanco y con una mesa de metal y un armario con botes como único mobiliario.

Me doy la vuelta intentando irme pero me doy contra él, que está cerrando la puerta con llave y guardándola en su bata.

-Túmbate. - Me pide tranquilo mientras se dirige al armario.
-¿Qué es este lugar? ¿qué hago yo aquí? - Me niego a tumbarme frente esa cosa que tiene pinta de doctor loco.
-Tienes un sobre. - Explica sacando un bote del armario de cristal y metal, y llenando una jeringuilla. - Eres una de las elegidas.
-¿Elegidas para qué? - Retrocedía sobre mis pasos intentando, en vano, abrir la puerta.
-No te resistas.

Y sentí como me cogía con fuerza por el hombro y me clavaba la fría aguja en el cuello, dejando que el sueño se apoderara de mi por completo, siendo imposible moverme o mantenerme despierta.



Escucho ruidos, gritos, balbuceos, llantos... me remuevo, ¿estoy soñando? Otra vez silencio. Vuelvo a sentir ruidos, alguien cerca balbucea, intenta hablar, abro los ojos. Estaba dormida.
Pero ahora estoy despierta y veo a mi lado a alguien en una cama, ¿Dónde estoy?. Intenta hablar pero cuando abre la boca veo que no... ¡no tiene lengua!. Su cuerpo está lleno de heridas, moratones y tumoraciones que supuran. ¿Qué cojones es esto? Me acerco despacio a él, sin bajarme de la cama, pues estamos muy pegados. Pero doy un sobresalto cuando se intenta mover para poner su cara casi a la par de la mia y veo que está atado. Me sigue doliendo la cabeza y esta vez recuerdo lo que pasó. El cuello me pica cada vez más. ¿Acaso el picor era por lo que me había inyectado?

Entonces observo el lugar, parece un cobertizo, hay muchas camas con gente en ellas, ¿Estarán atados también?¿Estarán igual que él? Muevo las manos y no las tengo atadas, pero los pies si. Me incorporo y me desato mientras me doy cuenta que es una zona sin puertas, y que fuera es de noche, una noche muy oscura, sin luna, y que la única luz que hay allí es la de las velas que hay por todo el lugar donde estamos apiñados.


No pienso quedarme aquí, y aunque me hayan quitado el calzado, la ropa y tenga algo similar a un saco me voy a largar de aquí.
Me bajo de la cama y cojo un par de velas, busco cerillas y mientras lo hago siento como se me estremece el estómago al ver muchas personas con los mismos signos que el chico que había a mi lado. Incluso algunos echando sangre por la boca o amordazados con la mirada perdida intentando soltarse.

Salgo del cobertizo y el aire frío hace bailar la llama. Me muevo despacio poniendo la mano para que no se apague aunque sienta el calor quemarme los dedos.
Me clavo algo en los pies pero eso ahora es lo que menos me importa, algo viscoso se me engancha en la planta, pero no quiero mirar. No debo mirar.. sigo adelante buscando una salida a toda esta locura.

Escucho ruidos y me escondo, apagando la vela para no llamar la atención. Cuando creo estar a salvo salgo, enciendo la vela con la única cerilla que tenía y frente mi aparece alguien enorme, muy alto, con un sombrero negro y una hoz en la mano.
Ando hacía atrás hasta que echo a correr dejando hasta la vela en el camino. Sin embargo no es suficiente y puedo sentir como el hierro frío de la hoz me agarra el cuello, mientras me corta la garganta y puedo oír "Es una pena, eras la única que reaccionó bien a la droga".


Tras la breve agonía que se me antojó eterna ahogándome en mi propia sangre, todo acabó cuando estiró de un golpe y viendo la profunda oscuridad. Pude ver durante una milésima de segundo como mi cuerpo y mi cabeza no estaban unidos.

lunes, 22 de agosto de 2016

Hermanas

Hermanas




Un día gris, de los que me encanta observar a través de los cristales. Me ponen pensativa, me enamoran con esa tristeza que desprenden mientras tapan la luz del sol. Es como si el cielo y mi alma se compenetraran y alguien pudiera entenderme. Me siento junto a la ventana y miro hacía el paisaje, dejándome ir en los pensamientos que me vagan por la mente, la cual parece estar vacía.

De pronto escucho pisadas, miro buscando el motivo y veo varias personas subiendo por la cuesta que lleva a mi casa. Estan desorientados, confusos, extrañados...

  • Hay alguien ahí, Lucy. - Alerto a mi hermana que está junto a la chimenea sentada.
  • Serán los obreros de ahí abajo. - La veo levantarse y asomarse a la otra ventana que comparte el salón. - Ahí no hay nadie.
  • ¿Qué? No, no puede ser, los acabo de ver. - Digo mientras vuelvo a mirar y me doy cuenta que mi hermana tiene razón.

Ella se aparta, y yo me quedo observando en la ventana nuevamente, extrañada, alertada y un poco confundida. Otra vez los veo, sólo que esta vez están perturbados, agresivos, con las manos en las ventanas intentando abrirlas mientras pasan su lengua por los cristales, lamiendo y muy rabiosos.

  • ¡¡Mira!!. - Digo a mi hermana apartándome. Sin embargo el silencio me hace girarme para buscarla, pero ya no está ahí.

Me centro en la ventana otra vez, pero por segunda vez, han desaparecido. "¿Me estaré volviendo loca?" pienso mientras intento buscar a esa gente. Tomo aire, bajo la persiana y me voy a la TV, a intentar evadirme de esta sensación extraña que me invade.

Parece que ocurre algo, ya que en la TV todos los informativos están en primer plano en cada uno de los canales, así que sin más opción veo la noticia.

"Las Autoridades Informan que tengan cuidado con estas personas e informen inmediatamente si los ven a los números que aparecen en pantalla, abajo. Estos pacientes acaban de escaparse del Complejo Central Psiquiátrico, tras un accidente donde varios focos han provocado un incendio. Son extremadamente peligros, no salgan de sus casas si viven cerca del centro, repetimos que son peligrosos."

Tragué saliva al ver las caras de los pacientes, eran los mismos que había visto yo en la ventana y me asusté. Bajé la otra persiana, y cerré la puerta con cerrojo. Mi casa estaba muy cerca. Sentía escalofríos por el cuerpo, apagué la TV y todo se quedó en silencio. Todo era demasiado perturbador.

Me fui al baño, abrí el grifo y me eché agua varias veces en la cara, para refrescarme. Cerré los ojos y me dejé llevar por el frescor que me aclaraba la mente. Sin embargo no podía dejar de pensar en eso. Esas caras. Y mi hermana. ¿Dónde estaba mi hermana?

Abrí los ojos y me miré al espejo, observé mis ojos preguntándome a mi misma ¿Me estaré volviendo loca?. Suspiré, y acto seguido escuché el chasquido de la bombilla que en un pequeño destello me dejó a oscuras.

Busqué sin luz como pude una linterna, la que encontré en el botiquín para casos de emergencía, supuse, ya que no recordaba que hubiera una ahí.
Era muy extraño. Era de día, sin embargo ahora me encontraba a oscuras como si la luz que me había alumbrado fuese la de una bombilla y no la de la calle que entraba por las ventanas.

Encendí la linterna y me estremecí cuando todo a mi alrededor estaba completamente distinto. Ese no era mi hogar... ¿no? La tensión se apoderaba de mi cuerpo, sentía un nudo en el estómago que subía por mi pecho, se acoplaba a mis pulmones y me costaba respirar, sufriendo un ataque de ansiedad que me ahogaba.

El escenario bajo mis pies estaba sucio, desordenado, abandonado, desconocido, destrozado... aquella no era mi casa. Avancé despacio y escuché como algo crujía en mis pasos. Caminaba sobre varias cucarachas que corrian de un lado a otro huyendo de mi y de la luz. Solté un chillido ante el asco que me producían y sin otro remedio seguí andando, intentando esquivar aquellas cosas que me repugnaban. El silencio sólo se veía roto por el correteo de aquellos insectos.

Olía fatal, a podrido, un hedor que me provocaba naúseas y ganas de vomitar, pero no podía decir con exactitud de donde provenía el aroma repugnante, ya que invadía toda la estancía.
Avancé a ciegas en un lugar que no conocía y menos aún en este estado tan destrozado. Intentaba buscar una explicación con sentido a esto. Llamé varias veces a mi hermana, gritaba su nombre esperando que me ayudara y que estuviese ella bien, pero no recibía respuesta.

Apuntaba con la linterna a todos lados, pero mirara donde mirara no había nada que me sonara. Parecía una simple casa abandonada que había sido quemada y donde pocas cosas aún perduraban. Entre ellas varios trozos de tela cubrían un cuadro que había sido medio quemado, despacio lo agarré y le di la vuelta, envuelta en una curiosidad digna de un gato. Me helé al ver la imagen de mi hermana pintada . No recordaba tal obra, sin embargo algo dentro de mi se removía.

Varios cuadros partidos iban apareciendo en el escenario mientras una música clásica empezó a sonar. Pude reconocer a Chopin en Spring Waltz , a la vez que un remolino de lienzos partidos giraban a mi alrededor como si estuviera viviendo una alucinación o una pesadilla. Se recomponían sus pinturas como un puzzle artístico, dando caras conocías a través del dibujo que mostraban. Nuevamente los pacientes de aquél hospital se me aparecían.

Salí corriendo lo más rápido posible, mientras Chopin iba aumentando su volumen y me acercaba hasta el origen de la música. Llegué a la puerta donde parecía provenir la melodía y al abrirla cesó.
Varias camas vacías se iban desintegrando poco a poco hasta que dejé de verlas. Me estaba volviendo loca y no podía comprender que estaba pasando. Pero la paranoia me hizo contar que había tantas camas como gente había visto. Era una alucinación claramente. No. Era una pesadilla, eso es. Una pesadilla de la que tenía que despertar.

Pero lejos de eso veo como mi hermana aparece frente a mi, junto a los pacientes del psiquiátrico. Incontables insectos recorrían sus cuerpos y poco a poco su carne se desprendía hasta quedar en los huesos y de los huesos se desintegraban quedando en cenizas.
La imagen era muy perturbadora y sólo podía pensar en mi hermana. La veía a ella, ¿y si algo me estaba avisando de un peligro? Un nudo en mi estómago me hizo salir corriendo a buscarla, gritando su nombre por todos lados, desesperada.

Entré en otra habitación, y estaba llena de mesitas de hospital, donde había utensilios, una camilla en medio con un aparato que supuse iría a la cabeza, y botes, muchísimos tarros por las paredes en estanterías. Por alguna razón, esa habitación no había sido quemada, es más, estaba intacta. Si no era una sala de operaciones era algo similar. ¿Esto era una casa o un hospital? Cada paso que daba era mas desconcertante.

Todo abandonado, sucio y mal oliente, no sé como pude llegar allí. Apunté con la luz a la estanteria, observando todo intentando encontrar una pista sobre donde me encontraba. Pero algo me distrajo y por el rabillo del ojo miré como algo en la pared requería mi atención. Alumbré y vi algo escrito en la pared, unas letras que goteaban y se oscurecían, y mi mente asustadiza me hizo pensar en lo peor, que era sangre. "No puedes huir, Alice. "

La linterna tintineó un momento y se apagó durante un par de segundos. La golpee nerviosa y aterrada y cuando la luz volvió la imagen de mi hermana estaba a escasos centímetros de mi cara, desapareciendo al instante como un destello de luz fugaz.

Ahogué un quejido y dejé salir el aire que me oprimía el pecho, mientras intentaba buscar una explicación y una solución a este caos.

Ruidos me alertaron. Sonidos de lamentos, quejidos, suplicas que pedían por favor que parara. ¿Pero a quién? ¿quién quería que parara? ¿había alguien más?

"Lo sabes" escuché en mi nuca, sintiendo un escalofrío que me congeló la sangre al oír la voz fría de mi hermana. Me di la vuelta despacio, esperando encontrarla, pero no había nadie. Estaba sola.

Volví la vista donde estaba y ahora los pacientes del centro estaban quemándose delante de mi, mientras se acercaban y repetían una y otra vez "por favor, para, no lo hagas". Las llamas cada vez estaban más cerca de mi, y podía sentir el calor pegándose a mi cuerpo, como la carne olía a quemado y se iba desprendiendo del cuerpo de cada uno de ellos. Yo intentaba huir, horrorizada. Pero me encontré sin salida cuando la única puerta que había en mi camino estaba cerrada.

Cerré los ojos mientras pedía por favor que se abriera la puerta, teniéndolos cada vez más cerca. Alguien me tocó. "Vamos, Alice.". Apareció mi hermana, desfigurada, cerré los ojos y cuando los abrí me encontraba en una habitación que me resultaba familiar.

Allí había una niña sentada junto a la chimenea, y otra niña a su lado de pie, hablando ambas sin que pudiera enterarme de su conversación, y ajenas a mi presencia.

Alzaron la voz y entonces entendí que estaban discutiendo por una caja de juguetes, hasta que una mujer con un delantal entró y les regañó.

  • Nani, mi hermana no...
  • Ya basta, Alice, dale eso a tu hermana.
  • Pero nani... - La niña suplicó, mientras su hermana se ponía a su lado y le daba la mano.
  • Nani no importa... - Dijo la otra.
  • No. Se lo contaré a tus padres, Alice.
  • Nani... - Suplicó la niña que había estado junto al fuego.

"Nani" Repetí mientras la escena desaparecía de mis ojos como un vago recuerdo. ¿Éramos nosotras? Me pregunté intentando recordar.
"¿Lo recuerdas, Alice?" . La pregunta de Lucy, la escena... iban llegando a mi mente fragmentos rotos de recuerdos que se iban reconstruyendo.
Esas dos niñas éramos Lucy y yo. ¿Pero qué demonios era esto? ¿Por qué no lograba recordar nada y lo veía ahora?.

Mi nani estaba ahí, junto a nosotras y nuestros juguetes. Mi hermana volvió a desaparecer, dejándome otra vez sola en este sitio que cada vez me desconcertaba más aún. Varias veces veía a los pacientes aparecer y desaperecer. No entendía por que los pacientes del psiquiátrico se me aparecían constantemente. Es que no entendía nada. Mis recuerdos, el sitio, los pacientes, mi hermana, la nana... sólo podía avanzar por ese sitio completamente quemado y lleno de puertas.

"Suéltate, Alice". Miré tras de mi y vi a mi hermana otra vez, aferrada a alguien que parecía... ¡ser yo!. ¿Pero qué?... Muchos gritos, lloros, calor... "No podemos huir" "No. No toques" Todo giraba a mi alrededor, mostrando imagenes de escenas que me eran familiares y poco a poco me estaba dando recuerdos que mi mente había desechado por alguna extraña razón.

"No, espera, para" grité dándome la vuelta. "No puedes huir. Debes aceptarlo."


Otra escena frente a mi, me helaba la piel nuevamente.

  • -Alice, alejáte de ahí, Nani no quiere que te quemes.
  • -No pasa nada Lucy, no seas llorica.
  • -Venga, a la cama.

La nani apareció y nos llevó a la cama. - Comenzaba a oír la voz de mi hermana. - Pero cuando todos dormían, tu te levantaste, dormida, sonámbula, fuiste a la chimenea y te sentaste junto al fuego, lo que tanto te prohibían.

Avivaste la llama sin ser siquiera consciente, y las chispas ardientes cayeron sobre el sillón de cuero, lo que prendió rápidamente y comenzó todo arder. Nani se dio cuenta, vino hacía el salón donde todo estaba quemándose y te sacó, llamó a emergencias y cogió el extintor de la cocina, esperando apagar el fuego. Sin embargo el fuego había crecido rapidamente, todo ardía salvajemente en llamas y no había forma de apagarlo. Vino a mi habitación, me despertó y nos intentamos ir de allí, mientras la casa ardía cada vez más.

Sentía el humo en mi garganta mientras veía las imágenes frente a mi, como si yo estuviese dentro de lo que mi hermana narraba. Era una espectadora más. Pero me costaba entender como había llegado a esto. ¿Pesadilla, ilusión o recuerdo? No lo sabía.

Mi hermana me puso la mano en mi hombro, trasmitiéndome su calor, el que tanto me gustaba sentir, y siguió hablando.

¿Nani? Las dos la llamabamos, pero cuando todo empezó a arder más pareció irse. La madera cayó, prohibiéndo el paso. Tu intentaste sacarme hermana, intentaste salvarme, pero no podías. El fuego devoraba todo a su paso y si te quedabas allí ibas a morir. Sentía como cada parte de mi cuerpo se quemaba, como me iba quedando poco a poco sin piel, como al cabo de un rato de dolor insufrible no sentía nada. Quizás mis nervios se habían quemado, pero aún mantenía algo de consciencia para ver como nuestra nani volvía a aparecer y te agarraba y te sacaba de ahí, mientras tu suplicabas que me ayudara a mi, sin hacerte caso, ni siquiera quiso mirarme. Pero yo me sentía tranquila, en parte feliz de que no fueses tu la que sentía ese calor, ese dolor abrasador que segundos antes yo había sentido hasta calcinarme.


  • Lucy...Pero... ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué veo todo esto? ¿Cómo estás tú...?
  • ¿Aquí?. Soy un fantasma, hermana. Yo morí aquella noche frente a ti.

Como hermana mayor juré que siempre estaría contigo, y lo cumplí. Siempre he estado contigo, Alice. Siempre te acompañé hasta el fin. Incluso más allá de el.
Cuando llegaron los bomberos todo estaba destruido, nuestros padres sólo pensaban en mi y mi muerte y lo que había ocurrido, nadie pensó en que al menos tu estabas viva. Nani te culpó de todo, dijo que estabas obsesionada con el fuego, que me odiabas, que siempre estabas peleando conmigo y que habías quemado todo en uno de tus intentos de llamar la atención. Que parecías dormía, pero que ella piensa que lo fingías y que fuiste tu quien me condenó a muerte. Ella te odiaba. Yaprovechando el dolor de nuestros padres, infundó en ellos la duda, el odio y el dolor de perder a su hija y culparte a ti de todo.

Pero por tu edad no pudieron hacer otra cosa que internarte en un centro psiquiátrico donde iban a medicarte, vigilarte y estudiar tus comportamientos en el sueño. Eras un peligro para todos, dijo nani.
Durante varios años estuviste ahí, encerrada y vigilada como una pirómana peligrosa, cuando sólo eras una niña con problemas de sueño. Estuve contigo todo el tiempo, pero el trauma del incendio, mi muerte y la culpa que te habían cargado pudo más y terminaste suicidándote en tu habitación, ahorcándote con las sábanas.

  • -Yo no... yo no quería... no quería dañar a nadie, yo...
  • Lo sé hermana. Y por eso te suicidaste, por que no podías soportar más aquello.
  • Pero yo... no estoy muerta. Estoy viva.
  • No. Tu estás muerta, igual que yo.
  • ¿Pero cómo estoy aquí? ¿Qué tiene que ver esa gente que me persigue y veo? ¿Eran del psiquiátrico?
  • ¿Aún no lo has recordado? - Cerró los ojos y suspiró. - Te lo contaré.

Tras tu muerte quedaste aquí atrapada, en este mundo entre los vivos y los muertos. Tu sed de venganza y la culpa no te dejaba ir, y yo por estar aferrada a ti tampoco podía irme. Esa gente que ves eran los pocos familiares que tenía nani, los que fuiste quemando uno por uno hasta cumplir tu venganza. Tu fantasma los perseguía. Para ti, en el fondo, la culpable de mi muerte siempre fue nani, que me dejó allí tirada y te sacó a ti, para poder culparte de todo y destrozar nuestras vidas. Por que ella te odiaba. Te culpaba de que siempre se llevara regaños por nuestros padres por tu comportamiento, y su odio hacía a ti fue creciendo cada vez más.


"¿Qué?"...Me pregunté a mi misma intentando no creerlo, pero en el fondo sabía que era verdad.

Así es. Tras morir tuviste algo pendiente. La venganza. Fuiste por todos los familiares que tenía y cuando no le quedaba nadie y la viste sufrir lo bastante, la mataste a ella también, quemándola viva. Así cumpliste tu venganza. Pero esa venganza terminó consumiendo toda tu alma, perdiste tu esencia, tu consciencia, tus recuerdos, y formaste una vida ajena que iba en bucle cada día, en la que sólo veías vagos recuerdos sobre cosas relacionadas con la verdad. Perdiste tu pureza y te perdiste a ti misma. Mezclas recuerdos, momentos, personas, todo está mezclado en tu cabeza sin sentido aparente. Los familiares los ves por que los mataste, pero los relacionas con el psiquiátrico, donde tu estabas. El fuego es la base de todo. ¿Me explico?

Asentí.

Ahora estoy aquí, para llevarte conmigo, para que descansemos al fin. Es el único regalo que puedo ya ofrecerte como hermana mayor, recordarte quien eres y que estemos unidas por la eternidad allá donde nos toque. Ya nada nos ata aquí, debemos buscar la paz, dejar que tu alma y la mia descansen. Tu me atabas a mi, y a ti la venganza. Ya todo ha terminado.

Dame la mano, hermana.

Todos los recuerdos vinieron a mi mente, todo el dolor, el odio, el resentimiento y el amor... el amor por mi hermana mayor vino a mi y cogí su mano, cuando sentí que ya había cumplido mi parte. Ahora entendía todo, ya al fin se había esclarecido y entendía este mundo de locos que había vivido hoy. Todo eran vagos recuerdos de mi vida.
Aferrada a ella sentí mi cuerpo flotar, como si su peso fuese el de una pluma, y como iba ascendiendo hacía a algún lugar arriba, tranquilo, que desprendía paz. Poco a poco iba desapareciendo, perdiendo la consciencia. Por fin estaría en paz, junto a mi querida hermana.


Fin.



martes, 26 de julio de 2016

El médico de mamá

El médico de mamá


Llegamos a una casa enorme, de estilo del siglo XV, paredes de piedra, grandes enredaderas decoran la fachada y el aspecto abandonado nos hace pensar que en mucho tiempo nadie se preocupó de ella.

La puesta esta cerrada, pero con un leve empujón logramos abrirla. Al hacerlo un humo espeso me roza la nariz y se introduce en mi garganta, toso un poco y recobro el aliento. Agito la mano para airearme y enciendo la linterna.

Hemos venido a hacer un estudio sobre casas abandonadas en el instituto, la temática libre nos dio opción en grupo sobre que hechos estudiar. Por mayoría fue sucesos paranormales la ganadora. Yo y mis tres compañeros de grupo hemos acabado aquí.

Esta casa tiene mala fama, en la que la historia cuenta que un espíritu maligno habita en ella y que nadie ha logrado salir con vida tras entrar. Soy de dificil pensamiento, puedo creer y no creer a partes iguales, por eso acepté esta investigación.

Mis compañeros se entusiasman pero yo, aunque tenga que ver para creer, no termino de verle la gracia, simplemente tengo una curiosidad insaciable sobre todo esto y quiero seguir investigando.

Dentro hay oscuridad, apenas la leve luz que entra por la ventana nos sirve de guía. Los grandes ventanales de cristaleras sucias hacen una luz opaca y las plantas que cubren las paredes desde fuera hacen sombra, evitando que la luz del día entre por completo. Se puede ver como las motas de polvo pululan por el ambiente de un lado a otro.

Cortinas destrozadas por los años aún cuelgan de las ventanas, las alfombras, o lo que quedan de ellas, cubren algunas partes del suelo. Telas que en algún momento fueron de un rojo vivo. Los muebles están hinchados, rotos y llenos de polvo. Todo está en silencio y no se escucha nada, sólo el sonido de nuestra respiración mientras observamos cada uno de los rincones del vestíbulo en el que estamos. El cual comunica con algunas habitaciones más.

Abanzamos despacio intentando permanecer atentos, mientras uno de mis compañeros graba con el móvil el recorrido, fijándose en detalles un tanto tétricos pero sin importancia. Como unos cuadros que adornaban toda la pared y que parecía que al moverte los ojos te seguían. ¿Serían los dueños de la casa? ¿ o simples modelos inventados o que posaron para ellos? Por el estilo de la vivienda debieron de ser unos ricachones de la época, no tendrían problemas en que alguien accediera a ser pintados.

Una chica rubia vestida de rojo estaba en uno de los cuadros, el cual desgastado, aún dejaba ver los detalles de tremenda belleza. Era cuanto menos perturbador moverme de un lado a otro y que su mirada pincelada me siguiera, como si supiera mis movimientos antes de yo decidirlos.

Un ruido nos alertó. Parecía proceder del final del pasillo, justo la última habitación que no tenía puerta. Conforme nos acercábamos una melodía clásica y desconocía sonaba, aumentando el tono de volumen cuando estabamos mas cerca. Mis compañeros empezaban a tomarse todo más enserio, yo empezaba a temerme que las leyendas de la casa fuesen verdad. Había visto demasiadas películas de terror como para saber que separarnos era la mejor manera de suicidarnos. Tomarse todo a broma era una invitación a conocer la verdad mientras te mueres y tercero, la curiosidad nos puede matar. Pero por desgracia para mi, la curiosidad antepasaba al miedo así que venciéndolo me asomé a la habitación y me quedé helada por la escena.

Sólo había una camilla, típica de la actualidad que hay en los hospitales en urgencias. Junto a ella una mesita auxiliar con unos instrumentales quirúrgicos ensangrentados. Esa misma sangre, supuse, estaba por algunas partes del suelo y la camilla, habiendo en una pared una estantería en la que había varios botes oscurecidos, amarillentos en los que no se podía ver nada, pero si lo suficiente para saber que había algo dentro de ellos.

Cabe decir que cuando entramos en la habitación no vimos nada de donde pudiera proceder la música, sin embargo esta cesó quedando todo en silencio nuevamente.

Al final hay una puerta, de hierros por la parte superior. Me asomé y vi una especie de neblina espesa amarillenta que flotaba en el aire. No podía encontrar explicación lógica para eso. Todo estaba siendo grabado por mi compañero, que empezando a acojonarse nos pidió que saliésemos ya de aquella habitación y grabaramos lo que tuviesemos que grabar para irnos cuanto antes.

Al salir de allí vamos al salón, o lo que una vez lo fue. Entre sillones torcidos, mesas estropeadas y sillas cojas, había muchísima suciedad, desperdicio, abandono del hogar y mucha vegetación que había entrado por una de las ventanas, la cual tenía el cristal reventado.

La única mesa que se mantenía en pie estaba sobre una doble altura, en cada extremo tenía una silla de terciopelo, roja como toda tela que había en la casa, que cojeaba y amenazaba con caerse al sentarse.

Me llegó un olor extraño, desorientador, olfateé un poco mirando a mi alrededor buscando el origen de tal aroma metalizado, y vi bajo la mesa un charco de sangre fresca, la que toqué y aún estaba caliente como si hubiese caido hacía pocos minutos.

Mis compañeros entraron en pánico y quisieron largarse de allí, sin embargo aún no podíamos, menos aún ahora, por muy suicida que sonase. Seguimos buscando por la casa, cada vez con más miedo, mas nervios y mas a la defensiva, imaginando sonidos que no oían otros o viendo fantasmas que algunos no veían. Habitaciones revueltas, camas deshechas, muebles rotos, suciedad, fotos descoloridas y más cuadros tétricos como todo lo que había allí.

La mujer del marco se repetían en muchos otros cuadros que adornaban otras estancias de la casa, y eso despertó mi curiosidad, ¿Quién era ella?. Intenté buscar algún árbol genealógico donde saliesen fotos, algún álbum familiar, un algo que desvelara más sobre los habitantes de la casa que, por alguna razón, desaparecieron de allí y de los registros del mundo. Nadie sabía que había pasado, todo alrededor de la casa eran historias, leyendas urbanas y exageraciones de unos y contradicciones de otros. ¿Qué sería la verdad?. Toda documentación de la vivienda, su historia y su gente había desaparecido o no lograba encontrarla.

Volvimos al salón y me fijé nuevamente en la mesa. Ahora habían dos charcos de sangre, de igual tamaño, y seguían frescos. Me acerqué, me puse los guantes de latex, que llevabamos todo el equipo y toqué esperando hallar algo. Bajo toda la sangre había un trozo de madera que sobresalía, hice un poco de fuerza y pude levantar el tablón hinchado. Bajo el, un fajo de papeles y un cuaderno, se encontraban en buen estado.

Los saque y me puse a mirarlos, pegando mi vista en aquellas hojas y leyendo un diario de un niño de 7 años que apenas sabía escribir. Con pulso tembloroso y faltas de ortografía, aquellas confesiones me helaron por dentro pensando en si eran verdad. Además me desveló el año donde supuestamente vivió gente allí.

"27 de Julio de 1789

Mamá me ha dicho que debo parecerme más a ella, que debo seguir su ejemplo, actuar por la familia... Pero no sé que debe decir. Ayer la escuché hablar con papá y creo que me odia, creo que está enfadada conmigo."


"1 de Agosto de 1789

Mamá está muy rara, sólo quiere estar con ese matasanos, como papá lo llama, y hablan sobre avanzar y transformar la vida. No entiendo que quieren decir"

"7 de Agosto de 1789

Mamá me ha dicho que prontó seré como ella, que podré arreglar el error de ser diferente. Discute con Papá cuando se lo dice, pero él dice que me quiere, que no importa a quién me parezca"

"10 de Agosto de 1789

Mamá está muy extraña, grita, chilla, pasa mucho tiempo en esa habitación en la que no puedo entrar, y cuando sale está manchada de sangre. No se que hay ahí pero me da miedo, no quiero estar con ella."

"20 de Agosto de 1789

Papá me llevó fuera de casa, me dijo que teníamos que dejar sola a mamá un tiempo, que estaba malita y debía curarse. Pero al volver se metió en la habitación con mamá y lleva días sin salir de ahí. ¿Por qué no está papá?"

"30 de Agosto de 1789

Papá a muerto. Mamá me dijo que alguien entró por la noche y le hizo daño pero yo... no la creo. Creo que me miente. Sigue diciendo que pronto seré como ella, que la familia debe mantenerse igual, intacta, por el bien de nuestra sangre".

"14 de Septiembre de 1789

Mamá me ha mentido. Mamá me ha hecho daño, tengo mucho miedo, miedo de verla o que me encuentre en la casa. Huyo cuando sé que está cerca. El otro día me metió en la habitación en la que tenía prohibido entrar y me ató a una cama, me pincho algo en el brazo y no podía moverme. Pero podía verla a ella, con una bata blanca y mirada extraña, mirarme como si fuese un desconocido o un cuadro de los que examina. No sentía mi cuerpo, sólo podía observar sin sentir nada ni moverme. Llevó algo a mi ojo y lo único que sé es que desde entonces no puedo ver, no me puedo mirar al espejo por que todos están rotos en la casa."


"20 de Septiembre de 1789

He cumplido 8 años, mamá ni siquiera me reconoce como su hijo, no me busca para felicitarme, sé que me llama para torturarme, hacerme cosas en esa habitación. Me escondí dentro de unas cajas y observé por una rendija lo que hacía. Soltaba algo amarillo, como si fuese humo espeso, y las ratas que habían en la caja de cristal se volvían agresivas y sangraban por todos lados.

Papá siempre dijo que mamá era una gran médico pero esto... ¿qué es lo qué hace?"


"18 de Noviembre de 1789

Sé que probablemente esté muerto. No tengo nada, no siento nada, ni dolor, ni pena... sólo un profundo deseo, una ansiedad hacía mi madre y hacía todas las personas que veo y sé que terminaré con..."


Levanté la vista cuando me sentí observada y mis amigos empezaron a titubear.
Frente a mi un niño rubio, parecido a la mujer del cuadro me miraba fijamente. Su rostro desencajado sonreía perturbador. Un ojo lo tenía medio fuera, apagando el azul que el otro lucía. Una gran cicatriz pillaba todo su lado. Asomó su mano y vi en el dedo meñique una cuchilla sobre el, que agitaba despacio mientras me observaba moviendo la cabeza de un lado a otro.

  • ¿Quién eres? - Logré decir mientras me echaba hacía atrás atemorizada, rezando por que lo que estaba viendo fuese una mala pasada de mi mente. El niño no me respondía, sólo se acercaba más a mi.
Se me cayó el diario al suelo y lo recogió, abriéndolo y mirándolo mientras apretaba sus pequeñas manos contra el cuaderno, traspasando la tapa con la cuchilla de su dedo. Abrazó el cuaderno y me miró empezando a llorar desconsoladamente.

  • ¿Ma...má? - repetía una y otra vez acercándose más a mi. - ¿Ma... má?

No había que ser un lince, pero si creer en cosas paranormales, para saber que el niño que estaba frente a mi era el del cuaderno y que su madre, a saber por qué, experimentó con él haciéndolo un monstruo.

Desapareció, y miré tras de mi al escuchar el grito de mi compañera, que mirando hacía donde ella lo hacía vi que la persona que grababa estaba desangrándose en el suelo, mientras de su garganta salía sangre a borbotones y el niño lamía la cuchilla de su dedo disfrutando de ello.

Quedábamos tres personas y dos de ellas echaron a correr. Yo me quedé estática de rodillas al lado del cuerpo de mi compañero, que tenía la piel pálida, los ojos abiertos y sin vida y ya no respiraba. Había muerto desangrado en pocos minutos.

No podía moverme, el pánico me bloqueaba el cuerpo como si tuviese clavos que me mantenían pegada al suelo. Sólo oía los gritos de mis otros dos acompañantes mientras corrían hacía la puerta, pero el ruido cesó. El niño volvió a mi y me miró, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras se acercaba despacio.

Me pongo de pie y voy hacía la escalera, y cuando me iba atacar me protejo con uno de los cuadros de la pared. Frena en seco su mano y deja caer el cuaderno que aún sostenía.

  • Ma...má, mamá, mamá...- Empezó a gritar. Giré el cuadro para verlo y vi el rostro de la mujer rubia y preciosa vestida de rojo. Era su madre, y ahora podía ver el parecido pese a todas las cicatrices y el cuadro desgastado. - Duele mamá. Duele.
  • ¿Qué te duele? - Pregunté por inercia.
  • Aquí mamá. - Se llevó la mano al ojo herido. - Duele aquí.
  • ¿Por qué haces esto, por que matas a la gente?
  • Sois malos. Todos sois malos. Todos queréis hacer daño. Y así nadie sufrirá como yo. Los libero. Yo os salvo.
  • Haces daño, los matas. - Nada de lo que el crío decía tenía sentido.
  • ¿Los... mato? - Repitió como si no entendiera lo que quería decir. - Él dijo venganza.
  • ¿Él?
  • Él. - Señaló con el dedo tras de mi. - El médico de mamá.


Un señor mayor con una bata blanca ensangrentada y la cabeza llena de cicatrices, como si le hubieran hecho una lobotomia, me seguía escaleras abajo, yendo despacio y yo corriendo hacía la puerta. Encontré en el camino los cuerpos de mis demás compañeros, los cuales el niño arrastró hasta ponerlos en un sofá destrozado y les puso dos rosas, una blanca y otra roja encima.

  • Ellos son libres. No sufren más. No son como yo. Matar es malo, ayudar es bueno.

Sentí algo frío clavarse en mi espalda mientras intentaba abrir la puerta, la cual estaba cerrada a cal y canto, cuando momentos antes la habíamos roto. El acero de un cuchillo enorme me atravesó, pudiendo ver entre mi pecho como la punta aparecía, echando sangre.

Me agarré intentando mantenerme en pie pero las fuerzas me fallaban, me caía, perdía la respiración, la angustia en mi garganta se acumulaba y se me llenaba de sangre la boca. No podía respirar, la sangre estaba encharcando mis pulmones y me caí al suelo, tosiendo mientras escupia sangre. El niño se acercó a mi, me acarició la frente y susurró al médico "Ahora también la salvaremos a ella."


El médico respondió "Pero nadie podrá salvar a tu madre".

lunes, 18 de julio de 2016

Experimento

Experimento



Nos habíamos girado y habíamos visto, aún con desconfianza, el edificio que teníamos tras nosotros. Frente a nuestros ojos un edificio grande, elegante y con aspecto antiguo nos dejaba en la cabeza miles de preguntas para las que no teníamos respuesta.

Ahí dentro todo había sido muy confuso, desconcertante, extraño... Nos habían sometido a distintas pruebas físicas, mentales y médicas, alegando que todo era primordial en el estudio actual para elaborar una vacuna en ciernes.
Pero aún no sabemos en que momento decidimos acabar ahí, en que momento dijimos sí a que nos extrajeran la sangre y analizaran nuestras células para crear, con suerte, dicha vacuna.

No tenían interés en hablar pero en sus manos había un contrato firmado por nosotros tres que no recordaba haber firmado. Había conmigo dos chicos que no conocía tan desconcertados como yo. Y la gente con bata blanca y expresión seria nos miraba de manera como el que mira un trozo de carne antes de comérselo.

Pasillos blancos con luces fluorescentes nos iluminaban haciendo que guiñásemos los ojos de vez en cuando. El frío que había allí helaba los huesos. Y mis compañeros se aferraban a mi y entre ellos como si nosotros tres fuesemos los únicos en ese instituto de estudios. ¿Enserio lo era? Parecía una especie de hospital abandonado, sin embargo había habitaciones que se notaban eran hechas para estudiar y dar clase. Pero entonces... ¿Qué hacíamos aquí? ¿Qué clase de instituto u Universidad desarrolla una vacuna mediante contratos?

Aún esperaba una respuesta frente al edificio del que nos habían dejado salir por nuestro propio pie, con total amabilidad y sin poner pega alguna, lo cual era más desconcertante.
Avanzamos hacía adelante y giramos en el único camino hacía la izquierda, llegando así a una única vía de salida. El mar. Estabamos en lo alto de una montaña y había muchísimos metros bajo nuestros pies, así que tirarnos era una locura pero por otro lado, ¿Cómo íbamos a salir de ahí? ¿Era una trampa?

Intentaba buscar una salida, analizaba cada rincón y pensaba en cada posibilidad. Ya fuera con un árbol caído a modo de puente, alguna especie de túnel o cualquier cosa que nos permitiera salir de ese entorno. Pero no lo había.

Uno de mis compañeros que no sabía como se llamaba, se agarró la parte izquiera del pecho, a la altura del pulmón. Haciendo guiños en su cara, podía expresar el dolor que sentía y como se clavaba los dedos en su pecho intentando apaciguarlo. Sin embargo no funcionaba. Al contrario, empezo a salir de ahí una masa combinada de color grisácea y rojiza que iba aumentando cada vez más, extendiéndose por su pecho hacía el cuello. Esa masa salía de él, parecía un cerebro reventado que dejaba salir su masa encefálica.
Miró en su mano donde tenía una inyección que nos dieron "Lo necesitaréis en algún momento, es parte del tratamiento" nos dijeron. No lo pensó más y se la inyectó en el centro de la malformación, haciendo en el momento que tiró la aguja un salto de fe hacía el mar.

Intentamos detenerle, pero entre nuestras manos se escapaba su camiseta, su cuerpo y su vida. Mi compañero se lanzó también presa del pánico, gritando mientras caía "No hay otra opción", así que sin más remedio le seguí, creyendo que iría a una muerte segura, pero no fue así.

Podía sentir el dolor al caer, cuando mi cuerpo impactó contra el agua llevándome al fondo del mar, haciéndo que el ruido se hiciera tormentoso en mis oídos, nublándome la vista, entrando poco después por mi nariz y sintiendo como el agua me inundaba la garganta y movía mis brazos y piernas agitadamente intentando ir a la superficie. Llegué.

Tosía, intentando coger el aire que me faltaba y buscando con los ojos entumecidos, a mis compañeros caídos, y al final los vi. El que saltó primero sangraba, y parte de su ¿tumoración? Del pulmón se había reventado dejando salír sangre y distintas cosas que no lograba saber que eran. Me sorprendió verlo vivo aún, es más, me sorprendía que aún estuviésemos vivos. Un rastro de sangre lo delataba y tanto mi compañero como yo fuimos tras él. Sin embargo una corriente agresiva y devastadora nos tragó y nos llevó al fondo del océano, donde nadabamos contracorriente intentando salir de allí. Pero no había forma, no había manera de ganar a la naturaleza y la ferocidad del agua nos arrastraba donde quería.

Nos separamos y buscando mi supervivencia hice todo lo que pude para aguantar la respiración y llegar a la superficie. Pero no podía. Sin embargo el agua me arrastró hasta un pequeño túnel y creí ver mi fin, hasta que acabé dentro de él y subí un poco en una zona plana, para llegar a una rendija donde al otro lado no había agua, permitiéndome respirar y acabar con la agonía.

Pero sin más caminos que seguir decido continuar por el conducto, llegando a una base subterranea. Moderna, aparentemente vacía y con un silencio perturbador. Buscando a mi compañero e intentando no llamar la atención de quien hubiera allí, llego hasta una habitación donde un hombre de mediana edad está observando un monitor. Junto la mesa que hay en el centro hay dos mujeres, vestidas igual que él. Bata blanca, similar a la del centro de donde veníamos. En su uniforme hay una pequeña chapa con el nombre de, lo que supuse, una organización.

Él se gira, en silencio, con el dedo en la boca y me señala el monitor de seguridad, donde veo a mi compañero herido con el pulmón fuera, intentando avanzar mientras parte de su pecho se desmorona frente a él y cambiando el color de su cara tornándose a un grisáceo pálido.

Trago saliva, al ver en otro monitor como mi otro compañero está buscando algo, quizás a mi, y entra en una puerta donde una sombra le espera. Escucho de su boca "Estarán bien" pero no le creo.

Nerviosa, al ver la tranquilidad con la que me muestra eso y no se inmuta intento huir pero la puerta parece haber desaparecido. Me doy la vuelta y no hay nadie, sólo una especie de holográma que parpadea con la sombra de ese hombre y es entonces cuando un ruido me revela el camino para poder escapar de allí.

Salgo corriendo y al pasar por la habitación del pasillo número 2 me encuentro frente a mi una chica, que supuse de mi edad, con la mirada totalmente perdida, evadida de la realidad y con una vestimenta digna de algún sitio donde deben mantener el control. En su pecho una placa marca el número 037. En sus manos, dos pequeños puñales parecen cobrar vida y se mueven intentando alcanzarme, sin que ella muestre signo alguno de interés.

Un hombre enmascarado a su lado la incita "Usa tus armas. Usa tu poder, congela el tiempo y gánale". Un movimiento de su mano me despista, y puedo ver como todo a mi alrededor se mueve más despacio de lo habitual, como poco a poco el puñal se acerca a mi y en el último momento agarro su mano y se lo clavo a ella.

Sin embargo un dolor agudo perfora mi pecho, y al mirar hacía el y ver que todo se mueve con normalidad, veo que estoy sangrando, que me ha apuñalado y que el sabor de la sangre inunda mi garganta.
Poco a poco voy cayendo, y ella sigue de pie, sangrando, mientras el hombre enmascarado se acerca a mi y le escucho hablar.

  • Debemos mejorar su resistencia, llevadla al centro.
  • ¿Y los chicos?
  • El herido pronto morirá, el virus está creciendo dentro de él.
  • ¿Y que hacemos con el otro?
  • No creo que aguante otra embestida del señuelo de la habitación C. Morirá. Esta jovencita ha hecho bien su parte del trabajo, ahora llevarosla y curadla, aun tenemos que seguir con el experimento.
  • Si señor, como ordene.

En mi brazo sentí el frío de una aguja, como el acero me iba penetrando en el brazo hasta notar el líquido caliente, casi ardiendo, me recorre las venas. Poco a poco el sueño me gana la batalla, mientras sentía como me llevaban entre varios, como si mi cuerpo levitara.




Vagando en la confusión

Vagando en la confusión




No se como he llegado aquí, pero me encuentro un jardín y no metafóricamente hablando. Junto a varias personas que no se quienes son, me encuentro empuñando una pistola, intentando huir de un grupo de gente que avanza lentamente y que parecen completamente idos de su ser.

Recordé las películas de zombis e infectados que he visto durante toda mi vida, pero no, esto no tiene que ver con eso. Son gente normal y corriente que simplemente nos quieren atacar y nos están acorralando. Juntando nosotros la espalda unos contra otros intentando cubrir cada punto, conseguimos esquivar el grupo e huir hacía una parte del jardín donde se haya una puerta.

Nuestro desahogo se esfuma cuando vemos sobre ella una cadena atada mediante un candado e intentando abrirla vemos como el mismo grupo de antes se aproxima hacía a nosotros.

Disparamos, presos del pánico y de la situación no sabemos si lo que estamos haciendo es correcto, pero es vivir o morir y nuestra elección es clara.
Un de mis compañeros está disparando a la cadena intentando romperla y cuando lo consigue salimos corriendo y entramos por la puerta.

Forcejeando por cerrarla y quitar las manos que quieren abrirla, conseguimos librarnos de ellos. Cuando nos damos la vuelta y vemos el escenario que nos aguarda siento un escalofrío que me cala a lo más hondo de mi ser. Es un metro abandonado, donde pueden verse paredes agrietadas, escombros, equipajes tirados por el suelo completamente rotos y destartalos y lo que más pavor nos provoca... sangre.

Un camino de sangre inunda parte del suelo, adorna paredes con huellas de una mano que podría echarle unos 12 años a lo sumo. Huellas y más huellas por paredes y suelo, haciendo que la atmosfera se tense a nuestro alrededor, pudiendo oler la sangre seca, provocando que nuestros sentidos se pongan en alerta y que nuestra imaginación nos juegue malas pasadas. Me parece oír un ruido, algo ligero, como un susurro en el aire quedándose atrapado.

La poca luz que alumbra el metro parpadea, haciendo sombra inconsciente de los objetos que residen ahí. Puedo escuchar los latidos de mi propio corazón intentando salirse del pecho para huir de esta visión, de este ambiente, de este misterio que nos rodea y que no parece claro o tener fin. Todo es muy confuso, ilógico, parece irreal y conforme más avanzamos más se intensifica la sensación de estar formando parte de algún tipo de reality show.

Puedo afirmar con certeza que mis compañeros no están mejor que yo, ya que su cara desencajada dice todo. Les tiembla el pulso y el arma se tambalea en sus manos, casi le cuesta sostenerla. Pero seguimos avanzando poco a poco y el ruido del suelo nos hace mirar mientras se escapa de nuestras bocas un grito que ahogamos con la mano intentando no llamar la atención.

Sólo son ratas, comiéndose algo que hay en el suelo envuelto en un plástico y del que gotea sangre. Uno de mis compañeros se agacha y alarga la mano "¡¡¡No!!!" consigo decir justo antes de ver lo que hay bajo el plástico. Lo que había más bien. Bajo ese intento de cubrirlo había un cadáver en descomposición al que le faltaba la garganta, pulmones y posiblemente algún órgano más así a ojo. Ya que es imposible hacer algún análisis ahora mismo y sólo veo vísceras y partes de su cuerpo en zonas que no deberían. Las ratas se están montando un festín y el miedo se apodera cada vez más de mi "¿Dónde estamos? ¿Qué demonios hago yo aquí?" Cierro los ojos, cojo aire y lo suelto de golpe intentando mantenerme firme.


He perdido la noción del tiempo, no sé que hora es, ni cuanto a pasado desde que entramos por este túnel y estamos recorriendo el metro, pero al final vemos una especie de luz y con cuidado nos acercamos. Allí vemos una figura en el suelo, de rodillas y estática. Me acerco lentamente hasta a ella y con el arma temblorosa en mi mano, poso la mano libre en su hombro, llamando su atención.

Se gira hacía mi y me mira a los ojos. Unos ojos claros, grandes, y la carita de una niña me mira. Tendrá unos 10 -12 años y tiene la cara desencajada, posiblemente del miedo y pienso en como habrá sobrevivido aquí sola sin volverse loca. No veo a nadie alrededor, sólo ella de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo, mirándome confusa y en shock. Le hablo y no reacciona, sólo me mira.

Le pregunta su nombre, que hace ahí, si está con alguien pero no reacciona a nada. La veo levantarse y se pone de pie frente a mi. Noto un olor extraño, como a óxido y siguiendo el rastro veo sus manos llenas de sangre "Las huellas de la pared" pensé. Pero estuve mirándola por todos lados y no le veía ninguna herida, "¿Sería posible.... sería posible que esa sangre no fuera suya? ¿Qué horrores le habrán hecho y habrá tenido que presenciar esta niña?" La cojo del brazo e intento volverla a la realidad, y sus ojos parecen cambiar y volver a estar aquí, con nosotros.

No dice nada, sólo avanza despacio y a paso firme por el túnel, la seguimos y nos lleva a una puerta por la que nada más entrar ella desaparece, se esfuma, y cuando voy a mirar a mis compañeros para ver si han visto lo mismo que yo o me estoy volviendo loca, tres de ellos no están. Sólo hay uno conmigo que parece tan confuso como yo.

Le agarro del brazo mientras mi boca tiembla y sin otra opción salvo volver por donde hemos venido solos, nos metemos en esa puerta. Miramos hacía atrás y la vemos cerrada de golpe. El nudo en la garganta me asfixia y temblando sigo hacía adelante con mi compañero. Todo se convierte en un laberinto cuando empezamos a ver puertas y más puertas. En una de ellas podemos girar el pomo y entrar, viendo delante nuestra a la niña, con la boca desencajada.

Se sujeta la mandíbula y la abre, soltando un grito acompañado de un líquido extraño que se expande por el suelo, llegando a mis pies y mojándome la zapatilla. Veo como sus dientes se empiezan a desintegrar, y como siento en mi boca parte de mis dientes haciendo lo mismo. Como si al entrar en contacto con ella me pasara igual. No entendía nada.

Cojo un trozo de tela del suelo y me intento secar para evitar mojarme más, pero en ese momento se abalanza sobre mi y yo reaccionando en un momento, la agarro del cuello por la tela evitando que se mueva y me muerda o me eche mas líquido extraño. "Dios mío, estoy ahogando a una niña...¿Qué me pasa?" Pero se suelta del amarre y la veo frente a mi "A ver si podéis contra mi otro pulmón" dice dejándonos atónitos a ambos y viendo como echa la cabeza hacía atrás y al mirarnos sus ojos se han vuelto blancos, sin visión. Vuelve a desaparecer.

Escuchamos pasos y nos ponemos en alerta, nos escondemos, si no nos ve no podrá atacarnos, quiero pensar. Pero se tiene que guiar por el sonido cuando sabe perfectamente donde nos hemos colocado y en un amago de distracción nos separamos, llevándose mi compañero la peor parte y llevándola con él.

Me escondo tras una puerta y veo a través de las sombras como estoy en un baño. Delante mía veo un lavabo y un espejo, apareciendo en un instante nuevamente la niña, olfateando e intentando escuchar a su alrededor. Yo, aguantando la respiración, rezaba para que no me viera.

A través del reflejo del espejo veo como mi compañero, sano y salvo aparentemente, aparece por detrás sin hacer ruido y me hace un gesto con la cabeza, y yo contesto con el mismo, insinuando que estoy bien por ahora. Ella saca de su bolsillo una barra de pintura verde y empieza a escribir en el cristal "Puedo verte tras de mi, puedo sentirte, y a ti también tras la puerta."

Se me encoge el corazón y mi compañero me agarra de la mano y tira de mi, emprendiendo una huída sin mirar atrás. Sin embargo no estamos muy lejos cuando delante nuestra vemos a la niña nuevamente, con el pecho abierto y un pulmón asomando. Nos damos la vuelta pero nos encontramos otra vez con ella, "¿cómo es posible?" miro de un lado a otro y ahora lo entiendo. Hay dos, cada una tenía el pecho de igual manera, como si fuesen la misma persona separadas. Me abrumaba aquello, era extraño, aterrador, ilógico. Ella tenía el pulmón contrario a la vista. Y entonces las palabras de ella resonaron en mi cabeza " A ver si podéis contra mi otro pulmón".

Ambas se abalanzan hacía nosotros, y mi compañero y yo nos miramos intentando defendernos. Sin embargo las armas que antes teníamos habían desaparecido como por arte de magia. Planeamos huir, pero una de ellas agarra a mi compañero, y puedo ver como le abre la garganta y sus ojos van perdiendo su color, como lo garganta y órganos son arrebatados y antes de darme cuenta siento unas manos sobre mi ejerciendo presión.


"Vamos, despierta..." Abro los ojos descubriendo que todo ha sido una pesadilla y respiro aliviada al ver que todo ha sido un mal sueño.
"Aquí está tu nueva hermana adoptiva" veo a mi madre sonriendo dando paso a una niña... una niña que me es familiar. "Te presento a Elizabeth" Dice cuando consigo ver la cara y es la misma niña que la de mi sueño, "Y aquí está su hermana gemela Claudia. Ambas vivirán con nosotros a partir de ahora."

Siento un escalofrío al verlas juntas, removiendo en mis adentros el sueño vivido, viéndolas a ellas con la misma apariencia infantil que entonces y recordando como me habían intentado comer y como devoraron a mi compañero y entonces no puedo evitar preguntarme "¿Esto también es un sueño?"





PD: Basado en una pesadilla.



Espiral

Espiral

"¡Corre!" grito a uno de mis acompañantes mientras nos adentramos en el pasillo laberíntico de una zona que no logro identificar. Parece un hospital o quizás... una comisaría. No estoy segura, me desperté ahí y lo único siguiente a ello fue correr con varias personas que , sin saber por qué, me seguían a mi.

La sensación de conocerlos me era muy familiar. Quizás teníamos algo en común, nos conocíamos o algo y yo no lo recordaba, el caso es que me tienen como una líder y creo en la posibilidad de que el miedo los tenga así, ya que soy la única que reacciona, echa a correr y huye mientras un grupo de gente desconocida nos persigue entre ruidos extraños.

Estamos sin salida, no hay más pasillo para correr y sólo logramos meternos en una sala lleva de ventanas de cristales. Intentan retrasarlos pero son muy numerosos y en el último momento tiran de uno de mis compañeros y lo único que puedo es cerrar la puerta mientras la mano de uno de esos locos intenta impedírmelo.

"¿Qué es esto?" ¿"Qué haremos ahora" "¿Por qué nos persiguen?" "¿Donde estamos?" Las preguntas me llegan de todas partes, se mezclan en mi cabeza mientras esa gente golpea los cristales y parecen a punto de ceder. Intento calmarme, pensar en una posible explicación, una vía de escape, como coño salir de esta pesadilla, y entonces pienso en que estoy soñando. Intento despertar pero no puedo, cierro los ojos y siento como si una mano cogiera mi cuello y me asfixiara .
Cuando estás a punto de morir en los sueños te despiertas. Así fue. Abrí los ojos sobresaltada en la cama, una cama desconocida y en parte familiar, reciente, blanca. Me levanto y me dirijo a la puerta, abro el pomo y como si fuese un dejavú vuelve a ocurrir. Gente desconocida huye despavorida y me siguen a mi cuando echo a correr y esquivo a uno de los que nos persiguen de pura potra.
Entonces se repite, es un bucle del que no puedo salir. Corremos por el pasillo, gente enloquecida nos sigue intentando "cazarnos", pasillos que parecen un laberinto, la sala de ventanales de cristal, cogen al compañero, cierro la puerta mientras la mano me lo impide... todo igual.

No se que ocurre, si es pesadilla o real, pero lo que es verdad es que tras esos cristales que no aguantarán mucho hay al menos 30 personas amontonándose completamente enloquecidas, como si no tuvieran control sobre sus actos, golpeando sin parar los cristales incluso con cualquier objeto que tienen a mano. Me fijo en ellos, ignorando las preguntas que se vuelven a formar a mi alrededor entre el pánico. Tiene la cara de un tono amarillento verdoso, como si algún tipo de enfermedad los hubiera atacado. Todos y cada uno de ellos están así, incluso el chico que hasta hace poco había huido con nosotros.

Veo uno de ellos subirse a una mesa cercana y llamar de algún modo con una especie de gruñido la atención de los demás. El de la mesa desaparece y antes de darnos cuenta vemos como una especie de humo verdoso sale del techo lentamente. Los golpes siguen siendo constantes en los cristales, a puto de ceder. Ese gas debe ser tóxico por que una de mis compañeras empieza a toser como si se ahogara. "Taparos la boca y la nariz con algo que tengáis" Digo mientras me arranco un trozo de tela de la camiseta y me lo pongo en la parte inferior de la cara.

Ella se había subido a un mueble, estaba mas cerca del techo, el gas le había dado de lleno antes que a nosotros. "Tenemos que correr o esto nos pillará, y no quiero saber que es lo que hace".
Nos embarcamos en una nueva huída y damos con una zona habitada de gente sentada en mesas, como si fueran ajenos a lo que está pasando ahí fuera. No entiendo nada, pero algo llama mi atención y es ver como una de las personas sentadas al fondo en una mesa con tres personas más empieza a tener la cara del color de los locos que nos perseguían.
"¿Qué le ocurre en la cara?" pregunto a la que tiene al lado mientras miro en todas direcciones intentando buscar un salida.

"El gas" Dice la mujer con aspecto amarillento verdoso. "El gas es la clave, el... nos transforma. Yo, trabajaba aquí, ese gas es peligroso" se ahogaba, poco a poco iba desapareciendo la razón en ella, y la compañera de al lado le ataba las manos a la silla, como si supiera lo que iba a ocurrir.
"Ya hemos visto lo que pasa cuando se convierten. Son ellos, infectados pero listos, no son marionetas que van sin rumbo, si te ven o te oyen, estás jodida. Aquí estamos en silencio, intentando evitarles ". Empezaba a cobrar sentido todo, pero ¿Por qué se quedaban aquí?.

"Están ahí fuera, nos persiguen, y han soltado el gas..." "¿Qué?" Su cara de terror al decir eso me adelantó algo que no quería saber. "Si el gas llega hasta aquí en cuestión de minutos seremos como ellos". Sus palabras bastaron para volver a reaccionar y dejar la charla para más tarde. Corrimos por el primer pasillo que vimos, con la mano en la tela que nos cubría boca y nariz, intentando respirar lo menos posible aquél gas tóxico.

Un tramo de escaleras aparte de un ascensor nos esperaba tras una puerta de seguridad que nos costó abrir. Usamos las escaleras y bajamos lo más rápido posible, rezando y pidiendo que por favor el gas no estuviera en la planta de abajo.
Llegamos a una zona que parecía desierta y dado a la experiencia en películas de terror, eso era muy mala señal. Otra puerta más nos parecía la única salida y puestos a elegir, no nos quedaba otra opción.

Pasamos a una zona blanca, solitaria, llena de camas en mitad del pasillo a medio deshacer. Parecía un Hospital, sí, al menos esa zona. Buscamos un teléfono, un mapa del lugar que nos dijera la salida y nada. No vimos nada. Sólo silencio perturbador nos acompañaba. Despacio avanzamos, intentando no hacer ruido, recordando las palabras de esa mujer "Si te oyen o ven estás jodida".

Vimos a alguien deambulando y por sus movimientos no parecía normal, pero antes de poder avisar a los demás de que ignoraran a esa persona, mi compañero llamó su atención. Se dio la vuelta y el color de su piel nos alertó. Salió corriendo hacía nosotros y gruñendo de manera animal, como si quisiera hablar y no pudiese. Alertó a otros tantos que no sé de donde salieron, y nuevamente tuvimos que huir.

Corrimos por cada una de las puertas que daba a otras zonas, subimos escaleras, agotados, cansados de correr. Las fuerzas empezaban a fallarnos. Y cuando abrimos la última puerta nos dimos cuenta de que estábamos en el principio de todo, mi supuesta habitación, la de los demás... El único camino era hacía adelante y no teníamos opción, nos perseguían. Caímos en la misma habitación que antes, esta vez sin gas, y la mujer que estaba con nosotros que lo había respirado tenía el mismo color en la cara que ellos. Se había trasformado.

Me fijé en una puerta que antes no había visto en esa sala, una puerta con un candado que no se podía abrir. Esa chica intentaba atacarnos y lo único que pudimos hacer fue darle un golpe en la cabeza con un extintor que había allí. Quedó en el suelo, le toqué el pulso y sólo estaba inconsciente. Intentando abrir la puerta de todas las maneras posibles, hasta a golpes con el extintor pero nada, no caía. Busqué en mi pelo, una horquilla y pude abrir el candado con dificultad tras un buen rato. Sellé la puerta con una barra de metal que había allí, para que no pudiera ser abierta desde dentro. Salimos a un callejón y corrimos lo más rápido que pudimos hasta un bloque de pisos.
Dentro había unas personas y una bolsa llena de zapatos que me llamó la atención. A salvo y por fin tranquilos nos sentamos mientras le contábamos lo que había pasado.

Tras un buen rato escuchamos ruidos en la calle. Alguien disparaba y gritaba a alguien de un balcón que iba a explotar toda la zona. El timbre de la puerta empezó a sonar y alguien abrió, cuando vi quien era sentí un nudo en la garganta. La mujer que habíamos golpeado, la que estaba infectada, parecía estar normal.
Uno de los chicos que me seguía me dijo que habían tenido que matar a su hijo pequeño antes de reunirse conmigo y que se lo teníamos que decir. "No. No sabemos como reacciona ese gas ni el efecto que deja tras infectarle, puede que se vuelva loca otra vez" "tiene que saberlo" "No ahora. Yo se lo diré en otro momento" pero alguien se adelantó, le dijo con precaución y pidiendo perdón lo que habían hecho, y eso desencadeno lo que temía.

Cogió un cuchillo de la mesa e intentó atacarnos a todos, descontrolada y fuera de si "Por favor, para, imagino como te sientes, pero no es la solución". "Mi hijo" es lo único que repetía una y otra vez. Venía a por mí, no quería hacerla daño pero tampoco que me lo hiciese a mi, le tiré todo lo que había en mi alcance para que, al menos, tirara el cuchillo, pero no lo soltaba, estaba ciega de rabia y podía entenderla.
Alguien le dió con una silla por detrás, el arma cayó al suelo y la recogí, y cuando se abalanzó sobre mi no tuve otra opción "Lo siento" dije mientras sentía como el cuchillo se clavaba en ella y se perdía en su estómago, cayendo el cuerpo sobre el mío y manchándome de su sangre.

Todos me miraban como si fuese una asesina, como si tuvieran miedo, hasta que una de las mujeres que habíamos encontrado allí se acercó a mi y me ayudó a quitarme de encima a la pobre mujer. "No había otra opción, eras tú o ella".
Me lavé las manos, aún sentía la sangre caliente por mis dedos, como parte de ella se empezaba a coagular en mi ropa al contacto con el aire.

Parecíamos a salvo y pusimos todo tipo de cosas de peso en la puerta para que no se pudiera abrir desde fuera y sin darme cuenta empecé a quedarme dormida, aún desconcertada por todo lo que había pasado en tan poco tiempo. ¿Qué había pasado? ¿Minutos?¿horas? No lo sabía, tampoco importaba, sólo quería estar a salvo y que no volviera pasar esto. "Duerme un poco" me dijo una voz que no localicé bien, pues los ojos ya se me cerraban.


Cuando me desperté el olor, el color, la cama y la habitación me resultaban familiares. Una especie de contracción en el estómago me alertó de que algo no iba bien. Me agarré el pecho, me dolía, el pánico se me estaba acumulando ahí. Me levanté, me miré de arriba abajo. No tenía sangre, ni mi ropa. Me asomé despacio, intentando no hacer ruido, por la ventanilla de la puerta de la habitación. De nuevo el dejavú aparente de antes. ¿Era un bucle o es que caí ahí por que sí otra vez? Salí lentamente, intentando pasar desapercibida, sin querer alertar a los que sabía iban atacarme. Pero alguien me grito, pidiéndome ayuda y los atrajo a todos.

Corriendo por los pasillos ahora tan familiares acabamos en la misma sala de cristales. Llevaba ventaja por que sabía como ocurriría todo, esta vez fui más rápida para cerrar la puerta, alertar del gas, del extintor y de la chica que iba a atacarnos infectada. Ahora localicé la puerta rápidamente, pero el candado no estaba. Me toqué el pelo y no llevaba horquilla, la vi en el suelo, partida... "La que usé para abrir el candado..." pensé mientras me agachaba y en el extremo veía el candado abierto. Me estremecí. Si todo estaba igual la puerta no se abriría.

Por más que empujamos, golpeamos e intentamos abrirla no había forma. Estábamos atrapados con y esta vez no había salida posible.

Escuché mi nombre, de forma lejana, alguien me llamaba suavemente. Una voz de hombre áspera, desagradable. Algo me sacaba de escena, algo me pasaba ¿Despertaba?.

"Es hora de tu medicación pequeña, abre la boca." ¿Todo era un sueño? Antes de abrir la boca me encontré en una sala blanca, acolchada, atada con las manos en una cama como si fuesen esposas. "Falta menos para encontrar la cura, todo va saliendo según lo previsto". ¿Era un experimento para una cura? ¿Iban a aplicármela a mi?".
Abrí la boca para que me diera esas pastillas que pensaba escupir "Muy bien, ¿lo ves? Es mejor si colaboras". Cuando desapareció giré la cabeza a la derecha y escupí las píldoras entre la cama y la pared y pude ver como mi brazo derecho estaba lleno de cicatrices de pinchazos. ¿Cuánto llevaba ahí? ¿Qué me habían hecho? ¿Qué pasaba en este lugar? Todo parecía el escenario de un psiquiátrico pero, ¿experimentaban por alguna razón en concreto conmigo?

Eran unas preguntas a las que intentaría dar respuesta, pero para ello debía salir de aquí.


"El verdadero misterio es el que perdura", oí de una voz desconocida.