lunes, 2 de octubre de 2017

Mi guía

Mi Guía


Siento cada uno de los dedos de ambas manos en mi cuello. Presionando. Ejerciendo una presión que corta el paso al aire que intento desesperadamente buscar. Cada vez que intento respirar es inútil, me ahogo.
Cada vez aprietas más y eso va notándose en mi cara y en mi piel que empieza a perder el color y se va poniendo más pálida. Por momentos parece que vas a soltar el agarre, que me vas a permitir respirar, pero sólo es una ilusión de lo que creo, y una orden más de una perturbada mente.

Abro los ojos y te veo ahí, observando, ausente la parte de ti que conozco, y mostrándose esa parte fría y oscura que se ve a través de tus ojos oscuros y vacíos. Estás fuera de ti y se que ahora mismo no eres tu, estás sin control y no tendrás piedad con nadie. Nuevamente tus ojos hablan por ti, quitándole las palabras a tu boca seria y firme, gritando en silencio que estás dispuesto a todo.

Aprietas más. Abro la boca intentando hablar, suplicar, pero sólo un quejido escapa de mi garganta, el por favor que quiero decir está atrapado entre ella y mi miedo, impidiendo que salga. Sólo puedo mirarte, resignarme y pensar... ¿De verdad eres tú? Todo es tan... confuso. Siento... que no puedo... seguir...



Abro los ojos. Estoy tiraba en el suelo. Todo está cubierto de niebla, está anocheciendo y no hay nadie cerca. Parece una parcela privada. Me levanto notando una molestia en el cuello, pero al tocarme no noto nada. Avanzo hacia la puerta y veo un cartel grande con letras en negro "Sólo propietarios". No sé muy bien que hago aquí, esta no es mi casa.

Todas las ventanas están cerradas, sin luz, como si dentro no hubiera nadie. A esta hora la gente suele encender la lámpara. La oscuridad se cierne cada vez más, así que llamo a la primera puerta que veo antes de salir del recinto para intentar recordar que estoy haciendo aquí. Pero nadie abre la puerta. Llamo a una segunda, a una tercera e incluso a una cuarta, pero nadie responde. Voy a la reja y con fuerza intento tirar del cerrojo. De nada sirve por que no cede y sigue cerrado. Grito llamando a alguien, diciendo "Hola" varias veces "por favor, ¿hay alguien?" pero nadie responde. Me busco en los bolsillos mi móvil, pero no tengo nada de nada, sólo un papel con un número que no se de que es.

La niebla se disipa y se esclarece la noche, aunque el cielo sigue siendo un manto sin estrellas. Miro hacía atrás intentando pensar que hacer. Aparto a un lado esa duda cuando compruebo varias veces que lo que creía un bloque de edificios es una especie de catedral o iglesia, ¿un convento?. Hubiera jurado que había más puertas.
Tengo que parpadear varias veces ante la visión borrosa. Llevo mi mano a la sien cuando un dolor penetrante y agudo me da un pinchazo por encima del ojo.
Al quitar mi mano veo sangre y está fresca. Me estoy mareando, necesito sentarme y me apoyo en la pared donde me dejo caer al suelo un momento.

Una mujer morena de mediana edad pasa delante de mi, pero antes de poder llamarla y pedirle ayuda caigo inconsciente.

Poco a poco soy capaz de abrir los ojos aunque la visión sea borrosa. Cada vez vuelvo un poco más a la realidad pero sigo sin entender mi entorno, lo que me pasa, lo que siento, lo que veo... La mujer morena vuelve a pasar y me mira asustada. En su mirada y sus manos temblorosas puedo sentir el miedo. Me agarra la cara y siento un frío que me hiela por dentro de arriba abajo.

"Ya estás despierta. Rápido, tenemos que salir."

¿Salir de dónde? Entonces lo entiendo. Ahora todo es distinto, ahora sólo veo un salón enorme y vació donde una mesa rectangular grande en el centro tiene al menos veinte o treinta platos y cubiertos de plata. Todos vacíos.

"Rápido, no podemos estar más aquí, van a venir". Quiero preguntar muchas cosas, pero nada sale de mi boca y sólo soy capaz de agarrar su mano y levantarme. Miro la única puerta que hay en la habitación, está cerrada y tiene algunas muecas en ella, como si hubieran intentado abrirla.
La chimenéa del fondo apagada con el crucifijo al revés encima me da muy mala espina.

La mujer morena coge un puñado de cubiertos y me los pone en la mano cerrándola bajo la suya.
"Ahora debes hacerme caso, debes huir. Toma. Te servirá".
Empiezo a pensar seriamente que esta mujer esté mal de la cabeza y me quiera arrastrar a su locura. Pero estoy desorientada, confundida y sola. No sé donde estoy.

"Pronto estarán aquí. Huye. No puedes confiar en ellas." Me preguntó quienes serán ellas, pero antes de poder hablar abre la puerta y me empuja, cerrando la puerta en mi cara y sin dejarme reaccionar. Escucho un ruido al otro lado como si un fuerte viento hubiera aparecido.

Consigo abrir la puerta y la mujer morena ya no está, todo está tirado en el suelo, la chimenéa encendida y a su lado un hombre negro enorme tirado en el suelo con una herida en forma de cruz enorme en el pecho llena de sangre. Trago saliva, me pongo nerviosa y pienso en la posibilidad grande de que esto sea producto de mi imaginación.

Escucho susurros, una fina melodía de fondo me hace caminar hacía ella, como hipnotizada, yendo despacio empuñando uno de los cuchillos de plata que me dio aquella mujer. Llego hasta a un baño y la puerta se cierra a mi espalda. Me doy la vuelta y vuelvo a verla, a ella, a la mujer de pelo largo y negro que me echó de allí.

"¿Quién eres? ¿Qué es lo que pasa?" consigo decir casi sin darme cuenta. Se pone un dedo en la boca pidiendo que me calle y me agarra del brazo. Otra vez ese frío me recorre por dentro. Me lleva hasta un mueble donde veo bandejas llenas de algo viscoso y mal oliente, pero hasta que no estoy suficiente cerca no me doy cuenta de que son organos. La sangre gotea cuando ella mueve la bandeja y me la pone en la cara. Me dan nauseas.

Cuando salgo de la habitación con un ataque de nervios estoy sola, ha vuelto a desaparecer. Frente a mi veo a una monja sonriendo, mirándome sin pestañear y que me indica con la mano que me acerque. Dudo bastante teniendo en cuenta las cosas tan raras que me están pasando. Escondo el cuchillo en mi espalda y me acerco poco a poco hasta a ella. Se da la vuelta y la sigo por un pasillo oscuro donde veo cuadros horripilantes en las paredes. Abre la puerta del final y varias camas en la habitación tienen bebés muertos, algunos calcinados, otros en descomposición.

Tengo la piel de gallina, siento un escalofrío y pánico y lo único que quiero es salir de aquí y huir de esta locura.

"Todos son hijos del pecado" dice mientras señala con la mano cama por cama. "Y como tal deben cumplir su destino" se acerca a un mueble, abre la puertecilla y saca una bandeja con más organos "Debemos seguir conservando la pureza de nuestra especie".

Doy varios pasos atrás y choco con algo. Giro la cabeza y veo otra monja con unas tijeras en una mano y un bisturí en otra con sangre en la ropa. Se escucha un bebé llorar. La monja de atrás agarra mi mano con el cuchillo y me lo quita. "Eso no es para ti" me dice mientras me pone las tijeras en una mano y el bisturí en la otra. "Así debe ser".
Me llevan por varios pasillos donde veo puerta tras puerta, pasamos de largo en todas. Siento el impulso de clavarle el arma a ellas y huir, pero como si me leyeran la mente, la de atrás agarra mi mano y me deja inmóvil.

Entro en una habitación con una camilla en medio que tiene algo tapado por una sábana blanca. De espaldas a mi hay alguien muy alto y negro con una bata blanca, cuando se da la vuelta su cara me resulta igual a la del hombre de la chimenea. Pero la ropa y las heridas que tenían no están. Destapa la camilla y veo el cuerpo del hombre en ella. "Debemos conservar la pureza". Esa frase que dice este tío me resulta familiar. Cuando vuelvo a mirar en la camilla ya no está. En su lugar veo una mujer con los ojos cerrados y la barriga abierta en canal.

Nuevamente escucho el llanto, poco a poco sale de su barriga el bebé que llora. Un niño negro cubierto de sangre, con la placenta, el cordón, el líquido amniótico. "Ahora debes conservar la especie. " Escucho al hombre decir mientras saca el bebé de su madre y me lo pone en las manos.
No quiero creer lo que me está proponiendo. Miro al bebé, y miro a su madre "Debes huir de ellas" " Yo ya estoy muerta" sale de su boca cuando sus ojos se abren y sólo yo parezco verlo. "¡Nooo!" grito y echo a correr con el bebé en brazos intentando salir de allí.

No hay escapatoria, alguien me agarra del pelo y me tira al suelo, me quita al bebé y me deja inconsciente. Cuando abro los ojos veo a la mujer morena mirándome, moviéndose de un lado a otro por la habitación. Cada vez me resulta más familiar su cara y no logro entender por qué.
Está rebuscando en un escritorio tirando papeles al suelo, recortes de periódicos, fotografias en blanco y negro.

Me pongo en pie y voy hasta ella, observo lo que tira y una foto llama mi atención. Se ven zonas como las que he visto estando aquí, es un convento de 1941 según pone detrás. "Mujeres desaparecidas en los últimos 5 meses" el más reciente, un periódico del 14 de febrero de 2002 "siguen las desapariciones de mujeres embarazadas". ¿Qué coño...? los saltos de fechas entre los periódicos son cada vez menos frecuentes, habiéndo un intervalo de fecha de unos 3-4 años entre cada uno de ellos. "Un convento abandonado, el escenario de la sospecha". ¿Abandonado? Veo fotos de mujeres que se van descoloriendo a medida que retrocedo más y más atrás. No hay ninguno del 2005 o del actual 2006.

"Debes irte. Ellas te encontrarán, no dejes que te atrapen". Vuelve a decir mientras me empuja a otra puerta y vuelve a desaperecer. Siento aire frío y seco que viene de algun lado, intento seguirlo y llego a un jardín donde toda planta está muerta. Huele a incienso y el hedor que proviene de alguna parte se me cuela en la nariz. Varias punzadas en mi estómago me hacen retorcerme y tirarme al suelo, todo se vuelve negro poco a poco y una voz me dice que busque el número.

Estoy perdiendo la cabeza. Cada vez que abro los ojos después de quedarme inconsciente me siento peor.
Ahora estoy en una casa antigua y que me resulta familiar, llena de fotografías en las paredes, cada una va cogiendo más color hasta que una en especial llama mi atención. La mujer morena del convento está en ese cuadro. Miro la fecha escrita abajo "1950" el apellido capta mi atención al ser el mismo que el mío. Voy mirando los siguientes cuadros hasta que veo en ellos a mi bisabuela, mi abuela y mi madre y empiezo a comprender que es la rama familiar materna la que está en la pared. Pero ¿Por qué? ¿Por qué tengo la sensación de que me están bailando las fechas? me estoy volviendo loca. ¿Qué pinta mi bisabuela aquí?

Me paseo por esa casa, está vacía y mi instinto me empuja a subir las escaleras del pasillo. Llego al desván. Huele a moho, humedad y el polvo pulula a sus anchas cuando abro la puerta. Al encender la luz puedo ver las motas por la habitación. Las cajas apiladas tienen fechas escritas en la tapa y estan cubiertas de suciedad. Miro cada una de ellas buscando la fecha que llama mi atención desde hace un rato. A partir de 1941, la fecha que ponía en la foto del convento. Levanto la tapa y veo varios diarios desgastados, recortes, fotos... abro un diario al azar.

"14 de Junio de 1945

Algo me da mala espina en este convento, como he comentado en varias ocasiones, las monjas no parecen reaccionar al tema de los embarazos no deseados, sin embargo esa sonrisa en sus caras cada vez que alguna supuesta madre decide abandonar el convento donde están acogidas me hace pensar mal. Ya es la 4 en tres meses que desaparece sin decir nada y a ellas parece darles igual. Soy la enfermera y nadie me pregunta por el estado en el que se encontraban antes de desaparecer."


Continuo unas páginas más adelante.

"27 de Septiembre de 1945

Mis sospechas sobre este sitio son cada vez mas espeluznantes. Ya se hace eco los periódicos sobre las desapariciones de mujeres embarazadas. Escucho a través de las paredes alguna que otra conversación entre ellas y el médico, pero lo único que repiten es que nadie las buscarán, que estaban solas."

"15 de enero de 1946

Temo por la vida de algunas chicas. He escuchado frases que pondrían los pelos de punta a cualquiera. Conservar la especie, la pureza, toda clase de barbaries que me están haciendo plantearme dejar este trabajo y volver a casa con mis hijos. Este trabajo no es la obra de caridad y bondad que pintaban. Aquello de "No estás sola, nos tienes a nosotras y a dios" está sonando cada vez más escabroso."

"25 de mayo de 1946

Las he oído. ¡He oído la verdad!. Cualquier acto de aparente pecado, como tener un hijo sin estar en el matrimonio, no saber quién es el padre o la violación, serán castigados y reparados. He oído bebés llorar y no me han llamado para ningún parto. Las desapariciones siguen. Ahora a sido Lana, la joven que se quedó embarazada cuando el médico la violó. Si esa confesión llegó a oídos de las monjas, sólo dios y nunca mejor dicho, sabe que le ha pasado."


"12 de Junio de 1946

No puedo aguantar ni un día más aquí. Descubrir la verdad ha sido más duro de lo que pensaba, pienso denunciar esto a las autoridades y que cierren este horrible lugar. Temo por mi vida, por la de mi familia... por eso les he dicho que no vengan aquí bajo ninguna circunstancia. He visto lo que hacen, no se cuanto tiempo más podré seguir haciéndome la tonta, pero necesito pruebas que demuestren lo que hacen con las madres y sus hijos.
Bebés apilados y quemados en camas sucias y llenas de bichos. Bajo el lema "el fuego lo purifica todo" he visto como han quemado cuerpos de madres e hijos, y otras tantas atrocidades más en nombre de dios.
"

"15 de Junio de 1946

Hoy he hecho algo horrible. Pero no sabía que hacer. John me pilló espiando mientras una mujer era abierta en canal para sacarle a su bebé. Yacía desangrándose en la camilla cuando no pude soportarlo más y un sonido salió de mi boca dejando donde me escondía. John vino hacía mi y en un intento desesperado cogí el bisturí y le corté el pecho varias veces, dándome cuenta al final de que irónicamente era una cruz. No se que va a pasar ahora..."

Ya no hay más páginas posteriores a esta. Pero un recorte de periódico anuncia su desaparición. Escucho la puerta de abajo, salgo despacio del desván y alguien me empuja por las escaleras.

Cuando abro los ojos siento un dolor enorme en la barriga y el cuello. Me falta el aire y me quedo petrificada al ver a las dos monjas delante de mi en una habitación extraña. "Bienvenida al convento. Aquí vamos a ayudarte, hija".



lunes, 14 de agosto de 2017

¿Tu eres real?

¿Tu eres real?


Creo que no recuerdo cuando fue la última vez que conseguir dormir y descansar por igual. Desde hace unos meses mi sueño intermitente me desvela durante horas y las pesadillas se hacen cada vez más reales, más constantes, hasta el punto que me despierto con un dolor de cabeza que no consigo aplacar, entre otras cosas que de decirlas terminaría en un manicomio.

Luego esta ese otro detalle de cada mañana. Los pájaros. Al principio pensé que era una tontería, que era una casualidad, que alguien se dedicaba a hacer la gracia o que alguno de los gatos de la vecina o los míos hacían de las suyas. Pero llegados a este punto donde lleva tantos días así, empiezo a ponerme paranoica y pensar que alguna plaga maligna digna de mundos apocalipticos, está comenzando.

Desde que llegué a este apartamento diría que las cosas han ido cada vez mas extrañas. He pensado en cambiar de cama, por si eso de "extrañar" el colchón fuese verdad y no un invento de la abuela, por que pienso que todo está relacionado con mi mal estar por no dormir como debo.

Como otro día más me levanto de la cama y me voy a la ducha, me tiro un rato bajo el agua caliente, intentando relajarme lo que por sentido común me tendría que haber relajado el sueño. Cuando salgo me encuentro mejor, pero me duele el cuerpo... no es dolor en si es... agotamiento. Cojo las llaves del coche para ir a trabajar, el bolso y salgo de casa. Estoy cerrando la puerta cuando noto como si alguien estuviese ahí, observando... casi podría jurar que sentía su respiración pegada a mi nuca, pero me giro y no hay nadie.

En el portal veo a mi casero hablando con un hombre que me es familiar pero que aseguraría no conocer. Contradictorio, como de costumbre en mi.
Sin poder evitarlo y al ver como mi casero se pone más tenso de lo normal pego la oreja y logro escuchar algo que me pone nerviosa, pero que dejo pasar. Siempre estoy alerta y paranoica pensando lo peor de lo peor. Insiste una y otra vez que quiere la tercera planta, donde yo estoy, y el piso C, lo que lo sitúa al lado del mío. Pared con pared. Y así como dato, paredes muy finas.

Al final cede, ya que cuando vengo de trabajar por la tarde lo veo entrando en su apartamento sin dejar de mirarme.


El día es agotador, no puedo con mi alma y me doy una ducha, me pongo el pijama y me meto en la cama directamente.

El ruido de unas gotas que no paran de caer me despierta. Intento ignorarlo pero no puedo, doy vueltas y más vueltas en la cama, cierro los ojos e intento evadir mi mente de ese molesto ruido que parece inofensivo pero que a mi me está matando. Otra noche más, no puedo dormir. Me levanto, busco por toda la casa de donde sale la puta gota para pararla, pero no veo nada. "Quizás..." sí, caigo en la cuenta en el nuevo inquilino y en que las paredes están hechas con papel de regalo. Me planteo varias posibles opciones de terminar con esto y dormir. Ponerme tapones, que no tengo, ignorarlo y dormir, que es imposible, o ir a su casa como una desequilibrada a decirle que cierre el grifo fuerte por que "su gota no me deja dormir".

Miro el reloj. Las 2:15. A esta hora la gente normal estaría dormida, yo sin embargo estoy dando vueltas por que una gota del vecino me despierta. Busco en el cajón alguna pastilla que me ayude, y la última que hay me la tomo sin pestañear.Tendré que ir a que me receten cuanto antes. Me acuesto y me pongo la almohada en la cabeza intentando amortiguar el sonido que me molesta.

Se para.

Poco dura cuando vuelvo a abrir los ojos y me quito la almohada desesperada, con los ojos medio llorosos y con unos nervios que me tiemblan hasta las manos. Voy hacía la puerta del apartamento con intención de asomarme al pasillo y ver si, con un poco de suerte, hay luz bajo la puerta del vecino.

Algo me impide moverme, me aprisiona contra la puerta y respira contra mi nuca. Me doy la vuelta en un forcejeo inútil, casi parece que lo buscaba, y veo quien es. Mi vecino.
Rápidamente saca algún tipo de gas que me lo echa en la cara y hace que poco a poco pierda el conocimiento, cayendo en sus brazos mientras dejo de sostenerme.


Me despiertan voces, y no puedo ver. Siento como una recia tela me cubre los ojos y mi oído se agudiza un poco más intentando captar donde estoy. Las manos las tengo atadas y no me puedo soltar. Tengo frío y el olor que me entra por la nariz me está dando ganas de vomitar. Las voces se acercan y una ligera brisa me sopla en la cara cuando alguien se pone frente a mi. "Estás despierta". Me libera los ojos y me pone de pie para guiarme, alguien que no conozco, por un pasillo donde varias puertas están abiertas. El lugar me es familiar, ¿Conozco este sitio?. Restos de sangre por suelos y paredes me hacen ponerme nerviosa y preguntarme que hago yo aquí.

Cuando paso por cada una de las puertas veo bañeras llenas de sangre, ¿o es agua manchada? No lo sé ni quiero saberlo, pero puedo ver pequeños trozos de carne que me hacen pensar que quizás sean fetos. Por alguna razón no puedo abrir la boca y sigo el camino que me dictan.
Llegamos a una habitación donde está mi vecino y sonríe al verme entrar. "es ella" dice al que tiene delante y que no logro ver. "¿Estás seguro? No da el perfil. Pero si estás tan seguro entonces hazlo, Ojo por ojo". Es como si hubiera dado una orden, ya que en ese momento mi raptor estaba pasando una hoja afilada y fría por mi cuello. Algo caliente me empapaba y estaba segura que era sangre.

Me despierto empapada en sudor, sin poder respirar bien, con el corazón acelerado y miro a mi alrededor. Estoy en casa, en mi cama. Llevo mis manos al cuello y veo que estoy bien, que sólo ha sido otra pesadilla más. Pero esta vez con el pobre vecino que no tendrá culpa alguna. Miro el reloj y son casi las 4. Voy a echarme agua en la cara y me miro al espejo. Las ojeras me están comiendo la cara. Pero no es eso lo que llama mi atención, sino el hecho de que tengo sangre en la camiseta, en las manos y en el cuerpo, algo que a oscuras en mi cama no había visto. Enciendo todas las luces y busco de donde viene, pero por mas que miro todo está seco. Es como si la sangre la estuviese echando yo de mi propio cuerpo. La regla no es, así que este detalle me hace ponerme muy nerviosa.

No es la primera vez que me despierto con sangre en mitad de la noche y no entiendo la razón. He llegado a pensar que las pesadillas me hacen lesionarme, pero ¿tanta sangre? No tiene explicación.

Termino dando vueltas en la cama hasta que el móvil empieza a sonar por la alarma. Otro día más que duermo fatal, no descanso y las pesadillas me trastornan. Programo en el móvil llamar a mi médico para las pastillas de dormir a primera hora.
Me meto en la ducha bajo el chorro de agua caliente. El agua, lo único que me ayuda en esta racha donde las pesadillas y el cansancio me tienen al borde del abismo.

Cuando salgo de casa le vuelvo a ver, de pie junto a la puerta, observándome. No me extraña que haya soñado con él con las pintas de pirado que tiene. Llama mi atención que hoy parece herido, con cara de pocos amigos y mantiene cierta distancia. Quito cualquier pensamiento de mi cabeza y me marcho.

A media mañana consigo un hueco en el trabajo y con el médico para que me recete las pastillas para dormir. Vuelvo a casa más tarde de lo normal por haber parado a comprarlas. Como viene siendo habitual llego a casa, me ducho, me pongo el pijama y hoy tomo un batido antes de meterme en la cama.

Hoy decido tomarme la pastilla doble y desde el momento en el que me acuesto. Cierro los ojos, dejo que la suave música clásica inunde mis oídos para poder relajarme y entre eso y la medicación, consigo en mucho tiempo, coger el sueño rápido.

Pero no podía durarme, no podían dejarme dormir y un ruido que proviene de la casa de al lado me despierta con un sobresalto que me hace tirar el móvil al suelo. Enciendo la luz, cojo el móvil y veo que son las 2 pasadas, otra vez. Siempre a la misma maldita hora empiezo a desvelarme. Me levanto, me pongo una chaqueta y voy a quejarme al vecino que tanto por culo me está dando esta noche.
Los ojos me pesan y la cabeza me palpita. Aporreo la puerta y en el último toque se abre sola. Me asomo y no veo a nadie. Entro por curiosidad y un golpe seco en la nuca me deja sin sentido.



Cuando abro los ojos tengo la vista nublada, me duele la cabeza y estoy desorientada. Miro al frente y veo a mi vecino, otra vez mirándome. Me intento mover y estoy atada, de pies y manos.

¿Qué hago aquí? ¿Por qué me haces esto?
¿Por qué? ¿Por qué actuas así? ¿Es que acaso no me recuerdas?
¿Recordárte? No se quién eres. Sólo sé que gritaré si no me sueltas.
No vas a gritar y esta vez estaremos seguros de lo que hacemos.

Me amordaza y desaparece, entonces es cuando me alerta que no es su casa, que no es donde yo entré y que me ha movido de lugar.
Aparece a los pocos minutos con el hombre que estaba en mi sueño la noche anterior. ¿Qué cojones?

Ambos se sientan delante y me miran fijamente, muy serios, mientras el que no es mi vecino se pasa la mano por la boca pensativo.

¿Cómo tú, una chica tan...endeble, ha podido hacer tal cosa? - Intento hablar pero no puedo. - Ya. No hace falta que hables, sólo quiero que escuches lo que voy a decirte y después te mataré.

Forcejeo con las cuerdas que me amarran pero no consigo nada salvo un par de tirones.

Es curioso por que hemos estado buscándote tiempo, mucho tiempo, y nunca habíamos dado contigo. Alguien se interesó mucho por que tus datos de hospitalización desaparecieran sin más. Al final una cosa llevó a la otra y aquí estamos. Cuando te ingresaron con un fuerte golpe en la cabeza que te dejó amnesia post traumática, tu benefactor insistió en ocultarte todo, aprovechando así que no pudieramos encontrarte, pero internet es la clave hoy día. De nada ha servido que te oculte la verdad y tus recuerdos o a ti. Obligarte a mudarte no fue una decisión muy acertada.

Saca una tablet y me la muestra, donde veo a John, el hombre que lleva cuidando de mi durante años y una lista de fotos donde sale conmigo. Le han estado siguiendo. Y el médico, también está en ellas y una es de hoy.

Hace un gesto para que me quite la mordaza.

  • Sé que estoy soñando. Nada es real. - Digo intentando tranquilizarme yo misma.
  • No. Esto sí es real. Igual de real que lo que hiciste anoche, igual de real que lo que haces más de una vez, pero por alguna razón... - Me mira con fascinación en sus ojos. - No consigues recordarlo. No distingues la realidad de los sueños.
  • Esto es un sueño.
  • ¿Tu crees?, veámos. Mira esto.

En la tablet me pone un vídeo donde salgo yo, estoy en un pasillo como el de la noche anterior, sólo que ahora no hay sangre, todo está limpio y algunas puertas cerradas. Yo paseo sujeta del brazo de un hombre que no reconozco, y me mete en una habitación. Me ponen en una camilla, me atan de pies y manos y me ponen algo en la cabeza. Me inyectan algo y poco a poco veo como me voy durmiendo. No puedo dejar de observar la pantalla, todo parece tan real.

  • Eres tu. Te sometiste a un programa de trastornos del sueño. Indagabamos en tu mente, junto al de otros chicos de tu edad, sobre el por qué no podiáis dormir. Todos daban resultados esperados. Todos salvo tu.

Empieza a ponerme vídeos y más vídeos. En la mayoría estoy muy agresiva tras varios minutos dormida.

  • ¿qué me hacíais? - Digo aterrada, dando por hecho que doy veracidad a sus palabras y lo que veo.
  • Nosotros intentabamos ayudarte, pero tu problema viene al dormir. Te descontrolas y desarrollas una patología que te hace ser agresiva sólo cuando duermes. Tu eras consciente de ello, tu benefactor también pero por alguna razón ese día todo se reseteó. Descubrimos que teníamos que mantenerte despierta y te sometimos a una especie de tratamiento como en la famosa leyenda urbana del experimento del sueño ruso por los años 40. En ese momento creímos que esa historia no podría ayudarnos de nada, pero consiguió un efecto totalmente inesperado en ti.
Empieza a pasar vídeos y fotos donde salgo yo con otra gente, en una camilla, despierta, atada, entubada, con mascarilla... cada imagen es mas siniestra que la anterior.

Durante una semana que se te ha estado observando hemos ido poniendo pequeñas pistas para intentar hacerte recordar. Como esos pájaros. ¿No te resultaba raro? Bueno, fue lo primero que mataste antes de quedarte sin ciertos recuerdos. Él pensó que quizás viéndolo a él algo se reavivaría en ti y empezarías a recordar. Pero no fue así. Y anoche, bueno... creías que lo habías soñado, pero no, era muy real. En ciertas situaciones donde estás al límite no controlas lo que haces, y más cuando estás soñando despierta.

Pone otro vídeo donde ahora todo me es muy familiar. Pero que nunca di más importancia que a la de una pesadilla tétrica, oscura, siniestra.
    -Esa noche quisimos que descansaras, que no estuvieras despierta como parte del experimento. Así que ese chico tan amable del vídeo te inyectó algo que te dejó profundamente dormida. A las dos horas te despertaste y sin saber cómo te desataste los grilletes y lo mataste, cogiste el bisturí de la zona quirúrgica de la habitación de al lado y fuiste degollando a varias pacientes que veías dormidas y a sus médicos. Hasta que, tu ahora vecino, te dio un golpe en la cabeza y te dejó incosciente y sangrando. Tuvimos que avisar a tu benefactor, que pagaba todo a muy bien precio y no quería un escándalo y te llevó con él. Ha intentado ocultarte durante todo estos meses. Por supuesto nuestro "centro" es algo muy muy privado que no podía salir a la luz, así que esas muertes quedaron enterradas con tus recuerdos. ¿Recuerdas ahora?
No lo recordaba, pero la garganta la tenía seca y me costaba tragar saliva. Fragmentos de personas, recuerdos, gritos, sabor a sangre me parpadeaban en la mente como una luz tintineante. Hasta que todo empezó a encadenarse de manera consecutiva en mi cabeza. Todo se iba poniendo en fila recordándome quien soy, que he hecho y que tengo que hacer.

  • Ahora lo recuerdo todo.
  • ¿Estás despierta? Por que hemos comprobado que es muy importante eso en ti.
  • Totalmente despierta.

Me enchufaron algo a la cabeza, apretaba y conectó unos cables a la tablet y parecía conforme.

  • Desátala. - Le dijo a mi vecino. - Como te he dicho eres algo muy curioso, así que me gustaría seguir descubriendo que tienes en esa cabecita.
  • No pienso ser un conejillo de indias.
  • Oh no, no es una petición. Te vas a quedar aquí, pero esta vez el experimento ruso será algo real.


Me llevaron por un pasillo que no había visto nunca. Luces blancas tan fluorescentes que me dañaban la vista. Llegamos a una habitación con una camilla, en la que me senté a regañadientes. Cuando se dio la vuelta agarré el gotero que había a mi lado y le di con el en la espalda. Intenté escapar, pero el otro me agarró de espaldas a él y me puso un bisturí en la garganta.

  • Si no eres capaz de controlarte tampoco despierta no eres de mi interés.

Fue lo último que escuché antes de sentir un dolor frío en la garganta, la sangre salir a borbotones y ahogarme con el amargo sabor de mi propia sangre mientras intentaba hablar y moverme, perdiendo la visión, la consciencia...

En ese momento pensé ¿esto también lo estaré soñando?.





martes, 22 de noviembre de 2016

Prisionera

Prisionera


Hoy he recibido una carta mientras estaba en casa con mi familia, cuando he ido abrirla había un pequeño mensaje un tanto perturbador en el sobre.
"No la abras o si alguien está contigo morirá."
No había remitente, sin embargo la letra me era familiar. No entendía el objetivo de mandar una carta que no se pudiese abrir, pero entonces volví a leerlo.

Tendría que abrirla estando sola, por lo que deduje que alguien me estaba espiando y sabría si me encontraba en compañia o no. Era raro, pero quizás era posiblemente una broma de algún graciosillo de turno.

Alguien llamó al timbre, mientras me asomaba vi con horror que era alguien a quien no quería cerca de hacía mucho, un antiguo ex novio que había estado en prisión por un asunto de drogas turbio. Empujé rápidamente la puerta evitando así que entrara, sin embargo no dejaba de golpearla y hacer presión para entrar. Todo paró en seco.

Mandé a mi madre que estaba conmigo a que fuese a la puerta de la cocina, para asegurarnos que no entrara mientras yo llamaba a la policía. Mientras venían, él consiguió entrar, dejando a mi madre inconsciente pero viva, tirada en el suelo de la cocina. Justo cuando iba a atraparme, la policía entró dando una patada en la puerta y echándola a bajo. Gritos, amenazas y ladridos de mis animales por toda la casa me paralizaban, temerosa de lo que este hombre me había demostrado ser capaz.

Se fue hacía uno de los policías y lo empujó de tal manera que se golpeó en la cabeza, quedándose en el suelo. Yo cogí la pistola de la otra oficial y le apunté a él con las manos temblorosas. Estaba dispuesta a disparar, ya lo creo que si. Le pedí que se fuera pero no hacía sino acercarse cada vez más, lentamente. Cogió a uno de mis perros y agarrando su cuello me amenazo, la pistola o el.
No podía dejar que nada le pasara a nadie más, y mamá ya estaba herida, así que tiré el arma al suelo y le di con el pie tal como él me pidió.

Soltó al perro y me cogió a mi como rehén para salir de mi casa, dejándo allí a la oficial de policía no sin antes amenazarla con que si llamaba antes de que él se fuera, me mataría.

Bajamos hasta la calle donde una furgoneta negra esperaba en la puerta, me metió dentro, me vendó los ojos y sentí como un dolor agudo en la nuca me iba dejándo dormida.



Abro los ojos en un sitio dondo no veo apenas nada, todo está muy oscuro, hace mucho frío y hay sólo silencio. Me pongo de pie, me duele el cuello y la cabeza pero no se por qué, no sé qué hago aquí y soy incapaz de recordar nada.
Ando despacio, moviéndome en la oscuridad a través de la poca luz que hay, que es nula. Llego hasta una piedra donde me parece haber pasado ya... es un dejavu o ¿estoy dando vueltas en círculo?
Algo llama mi atención, un ruido que hace eco llegando hasta donde estoy. Una voz aterradora, vacía, oscura, siniestra y cada vez más cerca se mete en mis oídos. Echo a correr, mientras quien quiera que sea me persigue, pero por más que corro y creo avanzar no dejo de terminar en la misma puta piedra. Como si no avanzara, como si no cambiara nada. No dejo de correr, notando mi corazón latir por el cansancio y me ahogo, me falta el aire, no puedo correr más.
Freno tras la piedra, me agachó e intento calmarme un poco. Creo ver algo en el suelo, semienterrado, escarvo un poco y encuentro una caja cerrada.

La intento abrir pero está muy pegada, y a base de intentos y de forzar consigo que se abra. El olor...ese olor putrefacto me echa para atrás y caigo de culo aterrorizada. Está lleno de cuerpos desmembrados, todo lleno de sangre, moscas y gusanos. Pero aún hay algo más sobrecogedor que todo eso, y es que veo salir una mano y mover los dedos lentamente. Como si fuese una estupida me acerco, oyendo de fondo alguien que me llama y me habla "Te tienes que enfrentar a ello".

Pero cuando voy a levantarme un golpe seco en la nuca me deja dormida.

Abro los ojos llevándome la mano a la cabeza. Me duele,¿Por qué? No recuerdo nada. Me pongo en pie y estoy a oscuras, echo a correr a través de ese sitio que no sé donde me llevará ni que hago ahí. Veo a lo lejos una piedra grande y voy hasta ella. Cuando voy a sentarme a descansar escucho ruidos, voces de alguien, y vuelvo a correr. Por alguna razón siento que esto ya lo he vivido, ¿un deja vu?. Busco en mis bolsillos mi móvil, pero no está. En su lugar veo un sobre, lo leo y pequeñas imágenes me llegan a la mente como recuerdos fluctuantes.

Abro el sobre y dentro hay una dirección. Pero no tengo ni idea como ir, tampoco se donde demonios estoy. Me pongo de rodillas, intento ver algún indicio de aire, para saber de donde viene e intentar así buscar una salida. Voy agazapada moviéndome sin hacer ruido hacía donde creo que está mi salida. Hay una roca que parece suelta y con un poco de fuerza y suerte consigo tirarla y salir al otro lado.
Sigo desconcertada, sin saber donde me encuentro, pero imágenes siguen llegando a mi mente. Un olor nauseabundo me va penetrando los sentidos cada vez más, conforme me acerco, y cuando llego al origen veo un cadáver en el suelo, medio destrozado. Me tapo la boca, intentando callar un grito, pero manteniendo los nervios a ralla y me agacho un poco para coger una linterna que hay en el suelo junto a él.

La enciendo y la luz tintinea un poco, le doy unos golpes suaves y consigue fijarse la luz. Enfoco mi camino, que no se muy bien si es el correcto, y avanzo, viendo muchos pájaros negros muertos en el suelo.
Trago saliva, aterrada, nerviosa, inquieta, con ganas de llorar y gritar pidiendo ayuda. Pero no puedo, debo mantenerme en silencio, calmada lo más posible si quiero salir de donde quiera que me encuentre.

Intento buscar algún cartel, una señal o algo que me indique donde estoy y justo al final, encima de unos arbustos veo un cartel con un nombre que me resulta familiar. Meto mi mano en el bolsillo y saco el sobre. ¿Qué coño...? es la misma dirección, ¿Qué hago aquí? No creo en las casualidades y menos en esta situación tan espeluznante.

Es una casa enorme, una mansión más bien. No hay más caminos y no tengo otro remedio que seguir. La puerta está entreabierta, ¿puede parecer más trampa aún? Por dios, parece una invitación a la muerte.
Abro despacio y entro de lado apuntando con la linterna a todos lados, pisando despacio entre los arbustos y hojas secas, sintiendo el frío golpearme en la cara y dejarme los dedos casi sin movilidad, aferrados a la linterna.

Subo unas escalerillas hasta la entrada, giro el pomo y la puerta se abre. Otras cuantas escaleras delante de mi que subo, y estoy en un vestíbulo donde tengo a cada lado como dos mostradores con ventanales, similares a lo de los bancos, cerrados. Todo cuanto veo es de madera antigua, y casi puedo oler el rancio de los años en ese lugar.
Una especie de muro de cristal separa de otra habitación, y hay una puerta abierta por la que me asomo, veo un escritorio muy largo, que llega hasta el final de ese cuarto, y al otro lado de el una mujer, vestida de un uniforme oscuro.

Me indica que pase a la siguiente habitación, que me siente en el sofá y que espere a que me llamen. No parece sorprendida, ni siquiera me pregunta quien soy, es más, parece que me esperaba ahí. ¿Qué me llamen? ¿quién? ¿por qué? ¿acaso saben mi nombre?

¿Dónde coño me he metido y que hago aquí? Necesito salir, necesito largarme de este lugar tan raro. Y el cuello me duele, la nuca y la cabeza me duelen mucho, y me pica demasiado algo del cuello, como si me hubiese picado algún bicho en ese lugar.


En el sofá donde debo esperar hay un hombre sentado, con la mirada perdida y en silencio. Me pongo a dar vueltas, mirando por los pasillos que hay mas adelante, pero ambos están repletos de oscuridad y la recepcionista no deja de mirarme con esa sonrisa escalofriante que me pone los pelos de punta.
Vuelvo a mirar el sobre mientras espero lo que sea que vendrá, no conozco la letra, por más que parece sonarme.
Aparece un hombre mayor, pelo canoso, barba, gafas y una sonrisa tan horrible como la de la otra mujer, y me coge del brazo "pidiéndome" que le siga. Aunque practicamente me está obligando a ir con él.

Pasamos por el pasillo oscuro que va iluminándonos con luces fluorescentes a medida que avanzamos, llegando a una habitación con una camilla, todo teñido en blanco y con una mesa de metal y un armario con botes como único mobiliario.

Me doy la vuelta intentando irme pero me doy contra él, que está cerrando la puerta con llave y guardándola en su bata.

-Túmbate. - Me pide tranquilo mientras se dirige al armario.
-¿Qué es este lugar? ¿qué hago yo aquí? - Me niego a tumbarme frente esa cosa que tiene pinta de doctor loco.
-Tienes un sobre. - Explica sacando un bote del armario de cristal y metal, y llenando una jeringuilla. - Eres una de las elegidas.
-¿Elegidas para qué? - Retrocedía sobre mis pasos intentando, en vano, abrir la puerta.
-No te resistas.

Y sentí como me cogía con fuerza por el hombro y me clavaba la fría aguja en el cuello, dejando que el sueño se apoderara de mi por completo, siendo imposible moverme o mantenerme despierta.



Escucho ruidos, gritos, balbuceos, llantos... me remuevo, ¿estoy soñando? Otra vez silencio. Vuelvo a sentir ruidos, alguien cerca balbucea, intenta hablar, abro los ojos. Estaba dormida.
Pero ahora estoy despierta y veo a mi lado a alguien en una cama, ¿Dónde estoy?. Intenta hablar pero cuando abre la boca veo que no... ¡no tiene lengua!. Su cuerpo está lleno de heridas, moratones y tumoraciones que supuran. ¿Qué cojones es esto? Me acerco despacio a él, sin bajarme de la cama, pues estamos muy pegados. Pero doy un sobresalto cuando se intenta mover para poner su cara casi a la par de la mia y veo que está atado. Me sigue doliendo la cabeza y esta vez recuerdo lo que pasó. El cuello me pica cada vez más. ¿Acaso el picor era por lo que me había inyectado?

Entonces observo el lugar, parece un cobertizo, hay muchas camas con gente en ellas, ¿Estarán atados también?¿Estarán igual que él? Muevo las manos y no las tengo atadas, pero los pies si. Me incorporo y me desato mientras me doy cuenta que es una zona sin puertas, y que fuera es de noche, una noche muy oscura, sin luna, y que la única luz que hay allí es la de las velas que hay por todo el lugar donde estamos apiñados.


No pienso quedarme aquí, y aunque me hayan quitado el calzado, la ropa y tenga algo similar a un saco me voy a largar de aquí.
Me bajo de la cama y cojo un par de velas, busco cerillas y mientras lo hago siento como se me estremece el estómago al ver muchas personas con los mismos signos que el chico que había a mi lado. Incluso algunos echando sangre por la boca o amordazados con la mirada perdida intentando soltarse.

Salgo del cobertizo y el aire frío hace bailar la llama. Me muevo despacio poniendo la mano para que no se apague aunque sienta el calor quemarme los dedos.
Me clavo algo en los pies pero eso ahora es lo que menos me importa, algo viscoso se me engancha en la planta, pero no quiero mirar. No debo mirar.. sigo adelante buscando una salida a toda esta locura.

Escucho ruidos y me escondo, apagando la vela para no llamar la atención. Cuando creo estar a salvo salgo, enciendo la vela con la única cerilla que tenía y frente mi aparece alguien enorme, muy alto, con un sombrero negro y una hoz en la mano.
Ando hacía atrás hasta que echo a correr dejando hasta la vela en el camino. Sin embargo no es suficiente y puedo sentir como el hierro frío de la hoz me agarra el cuello, mientras me corta la garganta y puedo oír "Es una pena, eras la única que reaccionó bien a la droga".


Tras la breve agonía que se me antojó eterna ahogándome en mi propia sangre, todo acabó cuando estiró de un golpe y viendo la profunda oscuridad. Pude ver durante una milésima de segundo como mi cuerpo y mi cabeza no estaban unidos.

lunes, 22 de agosto de 2016

Hermanas

Hermanas




Un día gris, de los que me encanta observar a través de los cristales. Me ponen pensativa, me enamoran con esa tristeza que desprenden mientras tapan la luz del sol. Es como si el cielo y mi alma se compenetraran y alguien pudiera entenderme. Me siento junto a la ventana y miro hacía el paisaje, dejándome ir en los pensamientos que me vagan por la mente, la cual parece estar vacía.

De pronto escucho pisadas, miro buscando el motivo y veo varias personas subiendo por la cuesta que lleva a mi casa. Estan desorientados, confusos, extrañados...

  • Hay alguien ahí, Lucy. - Alerto a mi hermana que está junto a la chimenea sentada.
  • Serán los obreros de ahí abajo. - La veo levantarse y asomarse a la otra ventana que comparte el salón. - Ahí no hay nadie.
  • ¿Qué? No, no puede ser, los acabo de ver. - Digo mientras vuelvo a mirar y me doy cuenta que mi hermana tiene razón.

Ella se aparta, y yo me quedo observando en la ventana nuevamente, extrañada, alertada y un poco confundida. Otra vez los veo, sólo que esta vez están perturbados, agresivos, con las manos en las ventanas intentando abrirlas mientras pasan su lengua por los cristales, lamiendo y muy rabiosos.

  • ¡¡Mira!!. - Digo a mi hermana apartándome. Sin embargo el silencio me hace girarme para buscarla, pero ya no está ahí.

Me centro en la ventana otra vez, pero por segunda vez, han desaparecido. "¿Me estaré volviendo loca?" pienso mientras intento buscar a esa gente. Tomo aire, bajo la persiana y me voy a la TV, a intentar evadirme de esta sensación extraña que me invade.

Parece que ocurre algo, ya que en la TV todos los informativos están en primer plano en cada uno de los canales, así que sin más opción veo la noticia.

"Las Autoridades Informan que tengan cuidado con estas personas e informen inmediatamente si los ven a los números que aparecen en pantalla, abajo. Estos pacientes acaban de escaparse del Complejo Central Psiquiátrico, tras un accidente donde varios focos han provocado un incendio. Son extremadamente peligros, no salgan de sus casas si viven cerca del centro, repetimos que son peligrosos."

Tragué saliva al ver las caras de los pacientes, eran los mismos que había visto yo en la ventana y me asusté. Bajé la otra persiana, y cerré la puerta con cerrojo. Mi casa estaba muy cerca. Sentía escalofríos por el cuerpo, apagué la TV y todo se quedó en silencio. Todo era demasiado perturbador.

Me fui al baño, abrí el grifo y me eché agua varias veces en la cara, para refrescarme. Cerré los ojos y me dejé llevar por el frescor que me aclaraba la mente. Sin embargo no podía dejar de pensar en eso. Esas caras. Y mi hermana. ¿Dónde estaba mi hermana?

Abrí los ojos y me miré al espejo, observé mis ojos preguntándome a mi misma ¿Me estaré volviendo loca?. Suspiré, y acto seguido escuché el chasquido de la bombilla que en un pequeño destello me dejó a oscuras.

Busqué sin luz como pude una linterna, la que encontré en el botiquín para casos de emergencía, supuse, ya que no recordaba que hubiera una ahí.
Era muy extraño. Era de día, sin embargo ahora me encontraba a oscuras como si la luz que me había alumbrado fuese la de una bombilla y no la de la calle que entraba por las ventanas.

Encendí la linterna y me estremecí cuando todo a mi alrededor estaba completamente distinto. Ese no era mi hogar... ¿no? La tensión se apoderaba de mi cuerpo, sentía un nudo en el estómago que subía por mi pecho, se acoplaba a mis pulmones y me costaba respirar, sufriendo un ataque de ansiedad que me ahogaba.

El escenario bajo mis pies estaba sucio, desordenado, abandonado, desconocido, destrozado... aquella no era mi casa. Avancé despacio y escuché como algo crujía en mis pasos. Caminaba sobre varias cucarachas que corrian de un lado a otro huyendo de mi y de la luz. Solté un chillido ante el asco que me producían y sin otro remedio seguí andando, intentando esquivar aquellas cosas que me repugnaban. El silencio sólo se veía roto por el correteo de aquellos insectos.

Olía fatal, a podrido, un hedor que me provocaba naúseas y ganas de vomitar, pero no podía decir con exactitud de donde provenía el aroma repugnante, ya que invadía toda la estancía.
Avancé a ciegas en un lugar que no conocía y menos aún en este estado tan destrozado. Intentaba buscar una explicación con sentido a esto. Llamé varias veces a mi hermana, gritaba su nombre esperando que me ayudara y que estuviese ella bien, pero no recibía respuesta.

Apuntaba con la linterna a todos lados, pero mirara donde mirara no había nada que me sonara. Parecía una simple casa abandonada que había sido quemada y donde pocas cosas aún perduraban. Entre ellas varios trozos de tela cubrían un cuadro que había sido medio quemado, despacio lo agarré y le di la vuelta, envuelta en una curiosidad digna de un gato. Me helé al ver la imagen de mi hermana pintada . No recordaba tal obra, sin embargo algo dentro de mi se removía.

Varios cuadros partidos iban apareciendo en el escenario mientras una música clásica empezó a sonar. Pude reconocer a Chopin en Spring Waltz , a la vez que un remolino de lienzos partidos giraban a mi alrededor como si estuviera viviendo una alucinación o una pesadilla. Se recomponían sus pinturas como un puzzle artístico, dando caras conocías a través del dibujo que mostraban. Nuevamente los pacientes de aquél hospital se me aparecían.

Salí corriendo lo más rápido posible, mientras Chopin iba aumentando su volumen y me acercaba hasta el origen de la música. Llegué a la puerta donde parecía provenir la melodía y al abrirla cesó.
Varias camas vacías se iban desintegrando poco a poco hasta que dejé de verlas. Me estaba volviendo loca y no podía comprender que estaba pasando. Pero la paranoia me hizo contar que había tantas camas como gente había visto. Era una alucinación claramente. No. Era una pesadilla, eso es. Una pesadilla de la que tenía que despertar.

Pero lejos de eso veo como mi hermana aparece frente a mi, junto a los pacientes del psiquiátrico. Incontables insectos recorrían sus cuerpos y poco a poco su carne se desprendía hasta quedar en los huesos y de los huesos se desintegraban quedando en cenizas.
La imagen era muy perturbadora y sólo podía pensar en mi hermana. La veía a ella, ¿y si algo me estaba avisando de un peligro? Un nudo en mi estómago me hizo salir corriendo a buscarla, gritando su nombre por todos lados, desesperada.

Entré en otra habitación, y estaba llena de mesitas de hospital, donde había utensilios, una camilla en medio con un aparato que supuse iría a la cabeza, y botes, muchísimos tarros por las paredes en estanterías. Por alguna razón, esa habitación no había sido quemada, es más, estaba intacta. Si no era una sala de operaciones era algo similar. ¿Esto era una casa o un hospital? Cada paso que daba era mas desconcertante.

Todo abandonado, sucio y mal oliente, no sé como pude llegar allí. Apunté con la luz a la estanteria, observando todo intentando encontrar una pista sobre donde me encontraba. Pero algo me distrajo y por el rabillo del ojo miré como algo en la pared requería mi atención. Alumbré y vi algo escrito en la pared, unas letras que goteaban y se oscurecían, y mi mente asustadiza me hizo pensar en lo peor, que era sangre. "No puedes huir, Alice. "

La linterna tintineó un momento y se apagó durante un par de segundos. La golpee nerviosa y aterrada y cuando la luz volvió la imagen de mi hermana estaba a escasos centímetros de mi cara, desapareciendo al instante como un destello de luz fugaz.

Ahogué un quejido y dejé salir el aire que me oprimía el pecho, mientras intentaba buscar una explicación y una solución a este caos.

Ruidos me alertaron. Sonidos de lamentos, quejidos, suplicas que pedían por favor que parara. ¿Pero a quién? ¿quién quería que parara? ¿había alguien más?

"Lo sabes" escuché en mi nuca, sintiendo un escalofrío que me congeló la sangre al oír la voz fría de mi hermana. Me di la vuelta despacio, esperando encontrarla, pero no había nadie. Estaba sola.

Volví la vista donde estaba y ahora los pacientes del centro estaban quemándose delante de mi, mientras se acercaban y repetían una y otra vez "por favor, para, no lo hagas". Las llamas cada vez estaban más cerca de mi, y podía sentir el calor pegándose a mi cuerpo, como la carne olía a quemado y se iba desprendiendo del cuerpo de cada uno de ellos. Yo intentaba huir, horrorizada. Pero me encontré sin salida cuando la única puerta que había en mi camino estaba cerrada.

Cerré los ojos mientras pedía por favor que se abriera la puerta, teniéndolos cada vez más cerca. Alguien me tocó. "Vamos, Alice.". Apareció mi hermana, desfigurada, cerré los ojos y cuando los abrí me encontraba en una habitación que me resultaba familiar.

Allí había una niña sentada junto a la chimenea, y otra niña a su lado de pie, hablando ambas sin que pudiera enterarme de su conversación, y ajenas a mi presencia.

Alzaron la voz y entonces entendí que estaban discutiendo por una caja de juguetes, hasta que una mujer con un delantal entró y les regañó.

  • Nani, mi hermana no...
  • Ya basta, Alice, dale eso a tu hermana.
  • Pero nani... - La niña suplicó, mientras su hermana se ponía a su lado y le daba la mano.
  • Nani no importa... - Dijo la otra.
  • No. Se lo contaré a tus padres, Alice.
  • Nani... - Suplicó la niña que había estado junto al fuego.

"Nani" Repetí mientras la escena desaparecía de mis ojos como un vago recuerdo. ¿Éramos nosotras? Me pregunté intentando recordar.
"¿Lo recuerdas, Alice?" . La pregunta de Lucy, la escena... iban llegando a mi mente fragmentos rotos de recuerdos que se iban reconstruyendo.
Esas dos niñas éramos Lucy y yo. ¿Pero qué demonios era esto? ¿Por qué no lograba recordar nada y lo veía ahora?.

Mi nani estaba ahí, junto a nosotras y nuestros juguetes. Mi hermana volvió a desaparecer, dejándome otra vez sola en este sitio que cada vez me desconcertaba más aún. Varias veces veía a los pacientes aparecer y desaperecer. No entendía por que los pacientes del psiquiátrico se me aparecían constantemente. Es que no entendía nada. Mis recuerdos, el sitio, los pacientes, mi hermana, la nana... sólo podía avanzar por ese sitio completamente quemado y lleno de puertas.

"Suéltate, Alice". Miré tras de mi y vi a mi hermana otra vez, aferrada a alguien que parecía... ¡ser yo!. ¿Pero qué?... Muchos gritos, lloros, calor... "No podemos huir" "No. No toques" Todo giraba a mi alrededor, mostrando imagenes de escenas que me eran familiares y poco a poco me estaba dando recuerdos que mi mente había desechado por alguna extraña razón.

"No, espera, para" grité dándome la vuelta. "No puedes huir. Debes aceptarlo."


Otra escena frente a mi, me helaba la piel nuevamente.

  • -Alice, alejáte de ahí, Nani no quiere que te quemes.
  • -No pasa nada Lucy, no seas llorica.
  • -Venga, a la cama.

La nani apareció y nos llevó a la cama. - Comenzaba a oír la voz de mi hermana. - Pero cuando todos dormían, tu te levantaste, dormida, sonámbula, fuiste a la chimenea y te sentaste junto al fuego, lo que tanto te prohibían.

Avivaste la llama sin ser siquiera consciente, y las chispas ardientes cayeron sobre el sillón de cuero, lo que prendió rápidamente y comenzó todo arder. Nani se dio cuenta, vino hacía el salón donde todo estaba quemándose y te sacó, llamó a emergencias y cogió el extintor de la cocina, esperando apagar el fuego. Sin embargo el fuego había crecido rapidamente, todo ardía salvajemente en llamas y no había forma de apagarlo. Vino a mi habitación, me despertó y nos intentamos ir de allí, mientras la casa ardía cada vez más.

Sentía el humo en mi garganta mientras veía las imágenes frente a mi, como si yo estuviese dentro de lo que mi hermana narraba. Era una espectadora más. Pero me costaba entender como había llegado a esto. ¿Pesadilla, ilusión o recuerdo? No lo sabía.

Mi hermana me puso la mano en mi hombro, trasmitiéndome su calor, el que tanto me gustaba sentir, y siguió hablando.

¿Nani? Las dos la llamabamos, pero cuando todo empezó a arder más pareció irse. La madera cayó, prohibiéndo el paso. Tu intentaste sacarme hermana, intentaste salvarme, pero no podías. El fuego devoraba todo a su paso y si te quedabas allí ibas a morir. Sentía como cada parte de mi cuerpo se quemaba, como me iba quedando poco a poco sin piel, como al cabo de un rato de dolor insufrible no sentía nada. Quizás mis nervios se habían quemado, pero aún mantenía algo de consciencia para ver como nuestra nani volvía a aparecer y te agarraba y te sacaba de ahí, mientras tu suplicabas que me ayudara a mi, sin hacerte caso, ni siquiera quiso mirarme. Pero yo me sentía tranquila, en parte feliz de que no fueses tu la que sentía ese calor, ese dolor abrasador que segundos antes yo había sentido hasta calcinarme.


  • Lucy...Pero... ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué veo todo esto? ¿Cómo estás tú...?
  • ¿Aquí?. Soy un fantasma, hermana. Yo morí aquella noche frente a ti.

Como hermana mayor juré que siempre estaría contigo, y lo cumplí. Siempre he estado contigo, Alice. Siempre te acompañé hasta el fin. Incluso más allá de el.
Cuando llegaron los bomberos todo estaba destruido, nuestros padres sólo pensaban en mi y mi muerte y lo que había ocurrido, nadie pensó en que al menos tu estabas viva. Nani te culpó de todo, dijo que estabas obsesionada con el fuego, que me odiabas, que siempre estabas peleando conmigo y que habías quemado todo en uno de tus intentos de llamar la atención. Que parecías dormía, pero que ella piensa que lo fingías y que fuiste tu quien me condenó a muerte. Ella te odiaba. Yaprovechando el dolor de nuestros padres, infundó en ellos la duda, el odio y el dolor de perder a su hija y culparte a ti de todo.

Pero por tu edad no pudieron hacer otra cosa que internarte en un centro psiquiátrico donde iban a medicarte, vigilarte y estudiar tus comportamientos en el sueño. Eras un peligro para todos, dijo nani.
Durante varios años estuviste ahí, encerrada y vigilada como una pirómana peligrosa, cuando sólo eras una niña con problemas de sueño. Estuve contigo todo el tiempo, pero el trauma del incendio, mi muerte y la culpa que te habían cargado pudo más y terminaste suicidándote en tu habitación, ahorcándote con las sábanas.

  • -Yo no... yo no quería... no quería dañar a nadie, yo...
  • Lo sé hermana. Y por eso te suicidaste, por que no podías soportar más aquello.
  • Pero yo... no estoy muerta. Estoy viva.
  • No. Tu estás muerta, igual que yo.
  • ¿Pero cómo estoy aquí? ¿Qué tiene que ver esa gente que me persigue y veo? ¿Eran del psiquiátrico?
  • ¿Aún no lo has recordado? - Cerró los ojos y suspiró. - Te lo contaré.

Tras tu muerte quedaste aquí atrapada, en este mundo entre los vivos y los muertos. Tu sed de venganza y la culpa no te dejaba ir, y yo por estar aferrada a ti tampoco podía irme. Esa gente que ves eran los pocos familiares que tenía nani, los que fuiste quemando uno por uno hasta cumplir tu venganza. Tu fantasma los perseguía. Para ti, en el fondo, la culpable de mi muerte siempre fue nani, que me dejó allí tirada y te sacó a ti, para poder culparte de todo y destrozar nuestras vidas. Por que ella te odiaba. Te culpaba de que siempre se llevara regaños por nuestros padres por tu comportamiento, y su odio hacía a ti fue creciendo cada vez más.


"¿Qué?"...Me pregunté a mi misma intentando no creerlo, pero en el fondo sabía que era verdad.

Así es. Tras morir tuviste algo pendiente. La venganza. Fuiste por todos los familiares que tenía y cuando no le quedaba nadie y la viste sufrir lo bastante, la mataste a ella también, quemándola viva. Así cumpliste tu venganza. Pero esa venganza terminó consumiendo toda tu alma, perdiste tu esencia, tu consciencia, tus recuerdos, y formaste una vida ajena que iba en bucle cada día, en la que sólo veías vagos recuerdos sobre cosas relacionadas con la verdad. Perdiste tu pureza y te perdiste a ti misma. Mezclas recuerdos, momentos, personas, todo está mezclado en tu cabeza sin sentido aparente. Los familiares los ves por que los mataste, pero los relacionas con el psiquiátrico, donde tu estabas. El fuego es la base de todo. ¿Me explico?

Asentí.

Ahora estoy aquí, para llevarte conmigo, para que descansemos al fin. Es el único regalo que puedo ya ofrecerte como hermana mayor, recordarte quien eres y que estemos unidas por la eternidad allá donde nos toque. Ya nada nos ata aquí, debemos buscar la paz, dejar que tu alma y la mia descansen. Tu me atabas a mi, y a ti la venganza. Ya todo ha terminado.

Dame la mano, hermana.

Todos los recuerdos vinieron a mi mente, todo el dolor, el odio, el resentimiento y el amor... el amor por mi hermana mayor vino a mi y cogí su mano, cuando sentí que ya había cumplido mi parte. Ahora entendía todo, ya al fin se había esclarecido y entendía este mundo de locos que había vivido hoy. Todo eran vagos recuerdos de mi vida.
Aferrada a ella sentí mi cuerpo flotar, como si su peso fuese el de una pluma, y como iba ascendiendo hacía a algún lugar arriba, tranquilo, que desprendía paz. Poco a poco iba desapareciendo, perdiendo la consciencia. Por fin estaría en paz, junto a mi querida hermana.


Fin.



martes, 26 de julio de 2016

El médico de mamá

El médico de mamá


Llegamos a una casa enorme, de estilo del siglo XV, paredes de piedra, grandes enredaderas decoran la fachada y el aspecto abandonado nos hace pensar que en mucho tiempo nadie se preocupó de ella.

La puesta esta cerrada, pero con un leve empujón logramos abrirla. Al hacerlo un humo espeso me roza la nariz y se introduce en mi garganta, toso un poco y recobro el aliento. Agito la mano para airearme y enciendo la linterna.

Hemos venido a hacer un estudio sobre casas abandonadas en el instituto, la temática libre nos dio opción en grupo sobre que hechos estudiar. Por mayoría fue sucesos paranormales la ganadora. Yo y mis tres compañeros de grupo hemos acabado aquí.

Esta casa tiene mala fama, en la que la historia cuenta que un espíritu maligno habita en ella y que nadie ha logrado salir con vida tras entrar. Soy de dificil pensamiento, puedo creer y no creer a partes iguales, por eso acepté esta investigación.

Mis compañeros se entusiasman pero yo, aunque tenga que ver para creer, no termino de verle la gracia, simplemente tengo una curiosidad insaciable sobre todo esto y quiero seguir investigando.

Dentro hay oscuridad, apenas la leve luz que entra por la ventana nos sirve de guía. Los grandes ventanales de cristaleras sucias hacen una luz opaca y las plantas que cubren las paredes desde fuera hacen sombra, evitando que la luz del día entre por completo. Se puede ver como las motas de polvo pululan por el ambiente de un lado a otro.

Cortinas destrozadas por los años aún cuelgan de las ventanas, las alfombras, o lo que quedan de ellas, cubren algunas partes del suelo. Telas que en algún momento fueron de un rojo vivo. Los muebles están hinchados, rotos y llenos de polvo. Todo está en silencio y no se escucha nada, sólo el sonido de nuestra respiración mientras observamos cada uno de los rincones del vestíbulo en el que estamos. El cual comunica con algunas habitaciones más.

Abanzamos despacio intentando permanecer atentos, mientras uno de mis compañeros graba con el móvil el recorrido, fijándose en detalles un tanto tétricos pero sin importancia. Como unos cuadros que adornaban toda la pared y que parecía que al moverte los ojos te seguían. ¿Serían los dueños de la casa? ¿ o simples modelos inventados o que posaron para ellos? Por el estilo de la vivienda debieron de ser unos ricachones de la época, no tendrían problemas en que alguien accediera a ser pintados.

Una chica rubia vestida de rojo estaba en uno de los cuadros, el cual desgastado, aún dejaba ver los detalles de tremenda belleza. Era cuanto menos perturbador moverme de un lado a otro y que su mirada pincelada me siguiera, como si supiera mis movimientos antes de yo decidirlos.

Un ruido nos alertó. Parecía proceder del final del pasillo, justo la última habitación que no tenía puerta. Conforme nos acercábamos una melodía clásica y desconocía sonaba, aumentando el tono de volumen cuando estabamos mas cerca. Mis compañeros empezaban a tomarse todo más enserio, yo empezaba a temerme que las leyendas de la casa fuesen verdad. Había visto demasiadas películas de terror como para saber que separarnos era la mejor manera de suicidarnos. Tomarse todo a broma era una invitación a conocer la verdad mientras te mueres y tercero, la curiosidad nos puede matar. Pero por desgracia para mi, la curiosidad antepasaba al miedo así que venciéndolo me asomé a la habitación y me quedé helada por la escena.

Sólo había una camilla, típica de la actualidad que hay en los hospitales en urgencias. Junto a ella una mesita auxiliar con unos instrumentales quirúrgicos ensangrentados. Esa misma sangre, supuse, estaba por algunas partes del suelo y la camilla, habiendo en una pared una estantería en la que había varios botes oscurecidos, amarillentos en los que no se podía ver nada, pero si lo suficiente para saber que había algo dentro de ellos.

Cabe decir que cuando entramos en la habitación no vimos nada de donde pudiera proceder la música, sin embargo esta cesó quedando todo en silencio nuevamente.

Al final hay una puerta, de hierros por la parte superior. Me asomé y vi una especie de neblina espesa amarillenta que flotaba en el aire. No podía encontrar explicación lógica para eso. Todo estaba siendo grabado por mi compañero, que empezando a acojonarse nos pidió que saliésemos ya de aquella habitación y grabaramos lo que tuviesemos que grabar para irnos cuanto antes.

Al salir de allí vamos al salón, o lo que una vez lo fue. Entre sillones torcidos, mesas estropeadas y sillas cojas, había muchísima suciedad, desperdicio, abandono del hogar y mucha vegetación que había entrado por una de las ventanas, la cual tenía el cristal reventado.

La única mesa que se mantenía en pie estaba sobre una doble altura, en cada extremo tenía una silla de terciopelo, roja como toda tela que había en la casa, que cojeaba y amenazaba con caerse al sentarse.

Me llegó un olor extraño, desorientador, olfateé un poco mirando a mi alrededor buscando el origen de tal aroma metalizado, y vi bajo la mesa un charco de sangre fresca, la que toqué y aún estaba caliente como si hubiese caido hacía pocos minutos.

Mis compañeros entraron en pánico y quisieron largarse de allí, sin embargo aún no podíamos, menos aún ahora, por muy suicida que sonase. Seguimos buscando por la casa, cada vez con más miedo, mas nervios y mas a la defensiva, imaginando sonidos que no oían otros o viendo fantasmas que algunos no veían. Habitaciones revueltas, camas deshechas, muebles rotos, suciedad, fotos descoloridas y más cuadros tétricos como todo lo que había allí.

La mujer del marco se repetían en muchos otros cuadros que adornaban otras estancias de la casa, y eso despertó mi curiosidad, ¿Quién era ella?. Intenté buscar algún árbol genealógico donde saliesen fotos, algún álbum familiar, un algo que desvelara más sobre los habitantes de la casa que, por alguna razón, desaparecieron de allí y de los registros del mundo. Nadie sabía que había pasado, todo alrededor de la casa eran historias, leyendas urbanas y exageraciones de unos y contradicciones de otros. ¿Qué sería la verdad?. Toda documentación de la vivienda, su historia y su gente había desaparecido o no lograba encontrarla.

Volvimos al salón y me fijé nuevamente en la mesa. Ahora habían dos charcos de sangre, de igual tamaño, y seguían frescos. Me acerqué, me puse los guantes de latex, que llevabamos todo el equipo y toqué esperando hallar algo. Bajo toda la sangre había un trozo de madera que sobresalía, hice un poco de fuerza y pude levantar el tablón hinchado. Bajo el, un fajo de papeles y un cuaderno, se encontraban en buen estado.

Los saque y me puse a mirarlos, pegando mi vista en aquellas hojas y leyendo un diario de un niño de 7 años que apenas sabía escribir. Con pulso tembloroso y faltas de ortografía, aquellas confesiones me helaron por dentro pensando en si eran verdad. Además me desveló el año donde supuestamente vivió gente allí.

"27 de Julio de 1789

Mamá me ha dicho que debo parecerme más a ella, que debo seguir su ejemplo, actuar por la familia... Pero no sé que debe decir. Ayer la escuché hablar con papá y creo que me odia, creo que está enfadada conmigo."


"1 de Agosto de 1789

Mamá está muy rara, sólo quiere estar con ese matasanos, como papá lo llama, y hablan sobre avanzar y transformar la vida. No entiendo que quieren decir"

"7 de Agosto de 1789

Mamá me ha dicho que prontó seré como ella, que podré arreglar el error de ser diferente. Discute con Papá cuando se lo dice, pero él dice que me quiere, que no importa a quién me parezca"

"10 de Agosto de 1789

Mamá está muy extraña, grita, chilla, pasa mucho tiempo en esa habitación en la que no puedo entrar, y cuando sale está manchada de sangre. No se que hay ahí pero me da miedo, no quiero estar con ella."

"20 de Agosto de 1789

Papá me llevó fuera de casa, me dijo que teníamos que dejar sola a mamá un tiempo, que estaba malita y debía curarse. Pero al volver se metió en la habitación con mamá y lleva días sin salir de ahí. ¿Por qué no está papá?"

"30 de Agosto de 1789

Papá a muerto. Mamá me dijo que alguien entró por la noche y le hizo daño pero yo... no la creo. Creo que me miente. Sigue diciendo que pronto seré como ella, que la familia debe mantenerse igual, intacta, por el bien de nuestra sangre".

"14 de Septiembre de 1789

Mamá me ha mentido. Mamá me ha hecho daño, tengo mucho miedo, miedo de verla o que me encuentre en la casa. Huyo cuando sé que está cerca. El otro día me metió en la habitación en la que tenía prohibido entrar y me ató a una cama, me pincho algo en el brazo y no podía moverme. Pero podía verla a ella, con una bata blanca y mirada extraña, mirarme como si fuese un desconocido o un cuadro de los que examina. No sentía mi cuerpo, sólo podía observar sin sentir nada ni moverme. Llevó algo a mi ojo y lo único que sé es que desde entonces no puedo ver, no me puedo mirar al espejo por que todos están rotos en la casa."


"20 de Septiembre de 1789

He cumplido 8 años, mamá ni siquiera me reconoce como su hijo, no me busca para felicitarme, sé que me llama para torturarme, hacerme cosas en esa habitación. Me escondí dentro de unas cajas y observé por una rendija lo que hacía. Soltaba algo amarillo, como si fuese humo espeso, y las ratas que habían en la caja de cristal se volvían agresivas y sangraban por todos lados.

Papá siempre dijo que mamá era una gran médico pero esto... ¿qué es lo qué hace?"


"18 de Noviembre de 1789

Sé que probablemente esté muerto. No tengo nada, no siento nada, ni dolor, ni pena... sólo un profundo deseo, una ansiedad hacía mi madre y hacía todas las personas que veo y sé que terminaré con..."


Levanté la vista cuando me sentí observada y mis amigos empezaron a titubear.
Frente a mi un niño rubio, parecido a la mujer del cuadro me miraba fijamente. Su rostro desencajado sonreía perturbador. Un ojo lo tenía medio fuera, apagando el azul que el otro lucía. Una gran cicatriz pillaba todo su lado. Asomó su mano y vi en el dedo meñique una cuchilla sobre el, que agitaba despacio mientras me observaba moviendo la cabeza de un lado a otro.

  • ¿Quién eres? - Logré decir mientras me echaba hacía atrás atemorizada, rezando por que lo que estaba viendo fuese una mala pasada de mi mente. El niño no me respondía, sólo se acercaba más a mi.
Se me cayó el diario al suelo y lo recogió, abriéndolo y mirándolo mientras apretaba sus pequeñas manos contra el cuaderno, traspasando la tapa con la cuchilla de su dedo. Abrazó el cuaderno y me miró empezando a llorar desconsoladamente.

  • ¿Ma...má? - repetía una y otra vez acercándose más a mi. - ¿Ma... má?

No había que ser un lince, pero si creer en cosas paranormales, para saber que el niño que estaba frente a mi era el del cuaderno y que su madre, a saber por qué, experimentó con él haciéndolo un monstruo.

Desapareció, y miré tras de mi al escuchar el grito de mi compañera, que mirando hacía donde ella lo hacía vi que la persona que grababa estaba desangrándose en el suelo, mientras de su garganta salía sangre a borbotones y el niño lamía la cuchilla de su dedo disfrutando de ello.

Quedábamos tres personas y dos de ellas echaron a correr. Yo me quedé estática de rodillas al lado del cuerpo de mi compañero, que tenía la piel pálida, los ojos abiertos y sin vida y ya no respiraba. Había muerto desangrado en pocos minutos.

No podía moverme, el pánico me bloqueaba el cuerpo como si tuviese clavos que me mantenían pegada al suelo. Sólo oía los gritos de mis otros dos acompañantes mientras corrían hacía la puerta, pero el ruido cesó. El niño volvió a mi y me miró, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras se acercaba despacio.

Me pongo de pie y voy hacía la escalera, y cuando me iba atacar me protejo con uno de los cuadros de la pared. Frena en seco su mano y deja caer el cuaderno que aún sostenía.

  • Ma...má, mamá, mamá...- Empezó a gritar. Giré el cuadro para verlo y vi el rostro de la mujer rubia y preciosa vestida de rojo. Era su madre, y ahora podía ver el parecido pese a todas las cicatrices y el cuadro desgastado. - Duele mamá. Duele.
  • ¿Qué te duele? - Pregunté por inercia.
  • Aquí mamá. - Se llevó la mano al ojo herido. - Duele aquí.
  • ¿Por qué haces esto, por que matas a la gente?
  • Sois malos. Todos sois malos. Todos queréis hacer daño. Y así nadie sufrirá como yo. Los libero. Yo os salvo.
  • Haces daño, los matas. - Nada de lo que el crío decía tenía sentido.
  • ¿Los... mato? - Repitió como si no entendiera lo que quería decir. - Él dijo venganza.
  • ¿Él?
  • Él. - Señaló con el dedo tras de mi. - El médico de mamá.


Un señor mayor con una bata blanca ensangrentada y la cabeza llena de cicatrices, como si le hubieran hecho una lobotomia, me seguía escaleras abajo, yendo despacio y yo corriendo hacía la puerta. Encontré en el camino los cuerpos de mis demás compañeros, los cuales el niño arrastró hasta ponerlos en un sofá destrozado y les puso dos rosas, una blanca y otra roja encima.

  • Ellos son libres. No sufren más. No son como yo. Matar es malo, ayudar es bueno.

Sentí algo frío clavarse en mi espalda mientras intentaba abrir la puerta, la cual estaba cerrada a cal y canto, cuando momentos antes la habíamos roto. El acero de un cuchillo enorme me atravesó, pudiendo ver entre mi pecho como la punta aparecía, echando sangre.

Me agarré intentando mantenerme en pie pero las fuerzas me fallaban, me caía, perdía la respiración, la angustia en mi garganta se acumulaba y se me llenaba de sangre la boca. No podía respirar, la sangre estaba encharcando mis pulmones y me caí al suelo, tosiendo mientras escupia sangre. El niño se acercó a mi, me acarició la frente y susurró al médico "Ahora también la salvaremos a ella."


El médico respondió "Pero nadie podrá salvar a tu madre".